Entre 12 y 16 toneladas de producto marino podrían estar siendo extraídas ilegalmente cada semana en la costa de La Paz mediante el uso de equipo hookah, de acuerdo con estimaciones de la Red de Observadores Ciudadanos (ROC).
La cifra, construida a partir de registros en campo, considera capturas de hasta 800 kilogramos por embarcación en una sola noche, con operaciones que se repiten entre tres y cuatro veces por semana por al menos cinco pangas activas. El volumen, concentrado en zonas arrecifales y en jornadas nocturnas, da cuenta de la escala que ha alcanzado la reciente reactivación de esta práctica.
En un lapso de tres meses, la pesca ilegal mediante el uso de equipo hookah (conocida también como “pistoleo”) pasó de mantenerse en niveles controlados a reactivarse con al menos cinco grupos operando de forma constante en la zona costera de La Paz.
De acuerdo con la Red de Observadores Ciudadanos (ROC), este repunte no solo refleja una reorganización de los pescadores furtivos, sino también una falla en los mecanismos de vigilancia que durante años contuvieron con mejor eficacia esta actividad.
“En tres meses regresaron a pistolear cinco embarcaciones que habían estado fuera”, explicó en entrevista Alberto Guillén, director operativo de ROC. El aumento de actividad, entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, coincide con una disminución en las acciones de inspección y una mayor presencia de embarcaciones en zonas donde previamente la actividad había sido reducida según lo documentado por la asociación civil.
De la contención al repunte
Durante los años previos, la pesca ilegal con hookah había sido parcialmente controlada mediante operativos coordinados entre autoridades y ROC. En ese periodo, la actividad se mantenía en niveles mínimos, con una o dos embarcaciones detectadas de forma recurrente.
Sin embargo, el escenario cambió hacia finales de 2025. De acuerdo con registros de la propia organización en operativos conjuntos entre ROC y Conapesca, entre 2022 y 2025 las acciones de inspección por parte de la autoridad pesquera habían mostrado un comportamiento al alza, aunque con variaciones: tres acciones en 2022, 17 en 2023, seis en 2024 y un repunte a 21 en 2025, lo que se asociaba a una mayor presencia de vigilancia en campo.
Esa tendencia se rompe en 2026, cuando hasta ahora solo se han documentado tres acciones, en contraste con al menos 16 reportes ciudadanos por posibles actividades ilegales en el mismo periodo. Para ROC, esta diferencia refleja una falta de correspondencia entre las denuncias generadas desde la vigilancia comunitaria y la respuesta institucional. “Empezamos a ver demasiado movimiento, demasiada actividad, y de manera automática también empezamos a recibir reportes ciudadanos”, señaló Guillén.
En ese contexto, ROC identifica actualmente al menos cinco grupos activos —conformados por entre cuatro y cinco buzos cada uno— que operan en la región, algunos con más de una embarcación. Este entramado representa un crecimiento significativo respecto a los meses previos, cuando la actividad se mantenía contenida con una o dos embarcaciones en operación.
Cómo operan: pesca nocturna, aire ilimitado y extracción intensiva
El método utilizado por estos grupos combina tecnología adaptada y operación nocturna para maximizar la captura en periodos cortos. El sistema hookah consiste en un compresor instalado en una embarcación que suministra aire continuo a los buzos a través de mangueras, permitiéndoles permanecer bajo el agua por tiempo prolongado sin necesidad de tanques.
“Es uno de los métodos de pesca más depredatorios, está prohibido para la extracción de todo tipo de peces, no existen permisos de extracción de langosta en el Golfo de California y solo algunos pescadores de almejas y pepino de mar cuentan con permisos específicos para equipo hookah”, explicó Guillén.
Las jornadas inician a la tarde-noche. Las embarcaciones se trasladan a parajes costeros o arrecifes rocosos, donde los buzos descienden equipados con arpones, hawaianas modificadas y redes adaptadas para capturar peces de forma rápida. Durante la noche, recorren distintos puntos (islotes, bajos o zonas arrecifales) extrayendo especies de alto valor comercial como perico, pargo y cabrilla, además de otros organismos como langosta, caracol y pepino de mar.
La operación es continua durante aproximadamente 10 a 12 horas. Antes del amanecer, los grupos regresan a tierra, donde el producto ya separado por especie es trasladado para su distribución. “Nadie los vio, muy pocos se enteraron”, resumió Guillén.
Dónde ocurre: de la Bahía de La Paz a áreas protegidas
La actividad se concentra en zonas cercanas a la costa, generalmente a menos de un kilómetro, donde se ubican arrecifes rocosos con alta biodiversidad. El corredor identificado por ROC abarca desde Punta Coyote, al norte de la Bahía de La Paz, hasta comunidades como Agua Verde, incluyendo puntos intermedios como San Evaristo, El Portugués, Los Burros, Punta Alta, Los Dolores y Tembabichi.
También se han documentado incursiones en islas y zonas de alto valor ecológico, como San José, San Francisquito, El Pardito y La Catalana, esta última dentro de un Área Natural Protegida.
“Van recorriendo islotes, islas, pequeños callos, pequeños bajos… la verdad es que hacen mucho daño”, señaló Guillén.
*Causa Natura Media ha buscado contactar a la oficina de representación de Conapesca en el área de inspección y vigilancia pesquera de Baja California Sur para esta nota sin obtener todavía respuesta. Este artículo forma parte de una serie de publicaciones sobre la pesca ilegal en Baja California Sur.

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