El manejo pesquero en México debe ser dinámico y adaptarse a los cambios ambientales

Los cambios ambientales ya están alterando la productividad de las especies marinas, por lo que especialistas plantean que el manejo pesquero en México debe dejar de basarse en condiciones estables y adaptarse dinámicamente a la realidad de los océanos.
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Fuente: Daniela Reyes.

Los modelos con los que se evalúan las pesquerías fueron diseñados bajo la premisa de que el ambiente era relativamente estable. Sin embargo, el calentamiento de los océanos y otros cambios ambientales están modificando la productividad de las especies marinas, por lo que es necesario incorporar estas variables al manejo pesquero, sostiene Francisco Arreguín, profesor titular del Instituto Politécnico Nacional (IPN) adscrito al Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (Cicimar).


Arreguín trabaja en el desarrollo de modelos que incorporan variables ambientales para separar los efectos de la pesca de los efectos del ambiente sobre las poblaciones marinas. Actualmente participa en proyectos para evaluar pesquerías de camarón en el Pacífico mexicano, recursos del Alto Golfo de California y cerca de 200 especies de flotas ribereñas en distintas regiones del país.

Esta entrevista ha sido editada para su síntesis y mejor lectura.

— ¿Por qué los modelos pesqueros actuales enfrentan dificultades para explicar lo que ocurre con muchas especies?

La tendencia de temperatura del mar de 1920 a 1980 era, con algunas variabilidades, horizontal, que podría considerarse un ambiente estable. Y fue durante esos años que se desarrollaron los modelos poblacionales asociados a la pesca. La capacidad de carga de los ecosistemas se consideraba prácticamente constante y, a partir de eso, se calculaba cuánto podía extraerse sin comprometer la renovación de las poblaciones. El problema es que esas condiciones ya no existen.

— ¿Qué es lo que ha cambiado?

La temperatura del océano muestra una tendencia creciente y continua desde la década de 1980. Además, los ecosistemas están cambiando continuamente. Cada especie responde de manera distinta: las de vida corta suelen recuperarse más rápido, mientras que las de larga longevidad tienen menos capacidad para compensar condiciones ambientales adversas.

— ¿Qué implicaciones tiene esto para la pesca?

Ya no podemos asumir que la productividad de una población es fija. Si las condiciones ambientales reducen la biomasa y la pesca mantiene el mismo nivel de extracción, ambos factores contribuyen al declive de las especies. Por eso, el esfuerzo pesquero debe ajustarse a la biomasa disponible en el mar para no afectar la tasa de renovación que tiene cada especie.

— Usted propone un manejo pesquero adaptativo. ¿En qué consiste?

La idea es que se haga un manejo pesquero adaptativo enfocado en una sostenibilidad dinámica, que significa establecer una tasa de captura que sostenga a las poblaciones en su capacidad máxima de producción dependiendo de la biomasa disponible. Si la población disminuye, la extracción también debe disminuir; si se recupera, las tasas pueden ajustarse nuevamente. Tiene que ser dinámico.

— ¿Qué información se necesita para hacerlo?

Se requiere conocer la biomasa disponible, entender qué variables ambientales están afectando a cada especie y estimar cómo podrían influir en el futuro. El seguimiento tendría que realizarse año con año para ajustar el esfuerzo pesquero de manera oportuna.

— ¿La Carta Nacional Pesquera de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) ya incorpora este enfoque?

Todavía no de forma suficiente porque sigue definiendo el estado de explotación de los recursos en función de los enfoques convencionales. Desde 2018 se han incluido notas señalando que algunas variables ambientales podrían estar afectando determinados recursos, pero mencionarlas no basta. Es necesario incorporarlas directamente en los modelos de evaluación.

— ¿Por qué es importante separar los efectos ambientales de los pesqueros?

Porque muchas veces se interpreta una disminución del recurso como si fuera consecuencia exclusiva de la pesca. Los modelos pueden ayudar a distinguir qué parte del cambio se debe al ambiente y cuál a la extracción pesquera. Eso permite tomar decisiones más precisas.

— ¿Qué avances existen para llevar este enfoque a la práctica?

Actualmente trabajamos con el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS) en la evaluación de las pesquerías de camarón del Pacífico mexicano incorporando variables ambientales. También participamos en proyectos en el Alto Golfo de California y en una iniciativa nacional para evaluar alrededor de 200 especies de pesca ribereña con la participación de unas 20 instituciones y 50 investigadores.

— ¿Cuál es la meta final?

Generar información que pueda incorporarse directamente a los instrumentos de manejo. Para cada especie evaluada se busca elaborar fichas compatibles con el formato de la Carta Nacional Pesquera de la Conapesca.

 

*Este artículo forma parte de la serie #CuandoCambiaElMar.

Escrito por

Daniela Reyes

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