Tras más de una década sin modificaciones, el Plan de Manejo Pesquero del mero en Yucatán, publicado originalmente en 2014, se encuentra en proceso de actualización con un enfoque integral que incorpora una dimensión biológica del recurso y también factores sociales, económicos y ambientales.
El proceso, iniciado en 2024 y actualmente en fase final de revisión institucional, ha involucrado a investigadores, autoridades pesqueras, organizaciones civiles y el propio sector productivo.
Desde el Centro de Investigación Pesquera de Yucalpetén del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (Imipas), la investigadora María del Carmen Monroy García subrayó que se trata de un esfuerzo colectivo.
“La actualización no es solo un trabajo de Imipas, es un trabajo de todos”, señaló.
El mero es una especie representativa de la región. Foto: Claudia F.
Un proceso técnico y participativo
La construcción del nuevo plan ha transitado por etapas que contemplaron revisiones internas, mesas de trabajo con especialistas, talleres de socialización con pescadores y académicos, así como la reinstalación del Comité Consultivo de la pesquería.
De acuerdo con Claudia Febles Gutiérrez, coordinadora del proyecto Comunidades Resilientes en Environmental Defense Fund (EDF), este proceso permitió fortalecer la propuesta inicial a partir del diálogo entre sectores.
“Primero se trabajó con expertos que conocen el recurso, luego con el sector para saber qué opinan, y después con investigadores en general. Así se fue construyendo”, explicó.
Esta metodología permitió transitar hacia un documento más robusto y consensuado, adaptado a los cambios en el estado del recurso y en el contexto pesquero.
Un plan más integral y operativo
El nuevo Plan de Manejo contempla cuatro objetivos, 11 estrategias y 56 acciones orientadas a la recuperación de la población de mero y la sostenibilidad de la pesquería.
A diferencia de versiones anteriores, el documento busca ser más operativo y realista, reduciendo el número de acciones y enfocándose en medidas viables.
Entre sus ejes prioritarios se incluyen: recuperación del recurso y sostenibilidad pesquera, fortalecimiento económico de la actividad, bienestar social de las comunidades y restauración del hábitat.

El mero es la esperanza de los yucatetos que no le conocen.
Además, incorpora acciones a lo largo de toda la cadena productiva, desde la evaluación del recurso y la actualización de estudios sobre su biología reproductiva, hasta la promoción de actividades económicas complementarias, mejoras en seguridad social y programas de educación ambiental.
En este sentido, no establece cambios inmediatos en medidas regulatorias como tallas de captura o vedas, pero sí plantea líneas de investigación que podrían derivar en ajustes futuros.
Una pesquería en deterioro
La actualización ocurre en un contexto de preocupación creciente. En la última década, la pesquería del mero ha transitado hacia una situación crítica en Yucatán.
El Gobierno Estatal reconoce una caída de 17 % en la producción pesquera vinculada a esta especie, con impactos directos en pescadores, fileteras, cooperativas y empresas.
La Carta Nacional Pesquera señala que esta actividad ha sido históricamente un pilar para el sustento de alrededor de 12 mil personas pescadoras y sus familias.
“Aquí en Celestún ya es muy difícil encontrar mero; pescarlo es sólo un recuerdo”, relató el pescador Carlos Andrés Gómez, quien recuerda que hace una década podía capturar hasta 100 kilogramos en un día, mientras que hoy apenas logra encontrar un ejemplar.

El mero rojo es una de las especies más estudiadas en la región, lo que ha permitido generar normas e instrumentos de manejo a partir de evidencia científica.
Entre las propuestas emergentes dentro de la actualización destaca la incorporación de la acuacultura como estrategia complementaria para la restauración de la especie.
“El hecho de que se vea a la acuacultura como una actividad que puede contribuir a la restauración es positivo”, señala la académica Claudia Durruty Lagunes, de la UNAM.
Este enfoque se suma a la necesidad de fortalecer el conocimiento sobre el ciclo reproductivo del mero y de especies asociadas, así como de mejorar la comprensión de la estructura de la pesquería.
El reto: pasar del papel a la acción
Pese al avance técnico y participativo que representa el nuevo plan, especialistas coinciden en que el principal desafío será su implementación.
“El reto es que se aplique. Tenemos el plan, pero lo importante es ejecutar las acciones”, adviertió Monroy García.
Febles Gutiérrez enfatizó la corresponsabilidad de los distintos actores: “La idea es que no se quede solo en papel. Que todos los involucrados podamos decir: ¿en qué ayudamos?”.
Mientras el documento avanza hacia su publicación oficial, ya se han iniciado trabajos con el Comité Consultivo y el grupo técnico para definir rutas de implementación.
La actualización del Plan de Manejo del mero representa una oportunidad para replantear la relación entre las comunidades costeras, el recurso pesquero y las instituciones encargadas de su gestión y se estima que este año se publique en el Diario Oficial de la Federación.
* Este artículo fue escrito por Itzel Chan, quien cubre comunidades costeras gracias al apoyo del programa Report for the World.


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