Derrame en el Golfo, inseguridad, turismo ausente y pesca en crisis.
Eres habitante de Paraíso, respiras todos los días un fuerte olor a gas, como si hornillas de miles de estufas estuvieran abiertas en su totalidad. Dentro y fuera de tu casa se escucha un sonido equivalente a las turbinas de cientos de aviones. Hay días en los que ni siquiera escuchas a tu familia hablar y gritan para escucharse un poco entre sí. Cada tanto en las calles sientes vibraciones, tus vecinos tienen ventanas y paredes con grietas.
¿En qué momento pasó esto si antes respirabas aire limpio y tu lugar para vivir era tranquilo? sí hay respuesta para ello y fue a partir de que llegó la Refinería Olmeca Dos Bocas.
Tu casa está en una de las 44 localidades, cinco urbanas y 39 rurales, de los municipios de Paraíso y Comalcalco, consideradas como áreas de influencia directa del proyecto, de acuerdo con la Evaluación de Impacto Social.
Hace cuatro años tu ambiente era otro. Respirabas aire limpio, el turismo era tu principal fuente de ingresos, veías cómo tus vecinos, dueños de restaurantes, no se daban abasto; los mariscos, todos se agotaban y sobre todo, vivían sin miedo. Y antes de tener cerca de tu casa plantas de procesamiento de la refinería, había vegetación costera inmensa, todo era verde y encontrabas aves de diversas especies, reptiles y mamíferos.
Ahora de todo ello queda un recuerdo lleno de nostalgia.
Es el terreno antes de la Refinería. Foto: Jalpa sin Censura Noticias.
Recientemente se detectó un derrame de petróleo desde el mes de febrero, de acuerdo con el Sistema de Detección y Monitoreo de Hidrocarburos Marinos y en sitios como Puerto Ceiba, el chapapote no llegó o no como mancha negra y espesa en el agua.
Joaquín Madrigal Olán, de la Federación de Sociedades Cooperativas de producción pesquera y acuícola El Faro, F.C de R.L, reconoció el daño directa e indirectamente a miles de pescadores y familias que dependen de la pesca, y que se han visto obligados a suspender sus labores, perdiendo su principal fuente de ingreso.
A ello se suma un impacto indirecto igualmente grave: la falta de información clara y oportuna, que está desincentivando el consumo de productos del mar, incluso los que provienen de regiones no afectadas.
Esta situación está impactando a comercializadores, distribuidores y restauranteros, particularmente en una de las temporadas más importantes del año, como lo es la Semana Santa, en la que el consumo de productos pesqueros aumenta.
Parte de los residuos de chapopote en las playas de Tabasco. Foto: Pescadores de Tabasco.
La desinformación está provocando una caída en la demanda, aun a quienes operan en zonas aparentemente libres de contaminación.
Ante este escenario, los pescadores hacen un llamado a las autoridades para delimitar con precisión las áreas afectadas, con base en evidencia técnica y monitoreo constante.
También consideran fortalecer la comunicación pública, diferenciando claramente entre zonas afectadas y no afectadas, para evitar impactos innecesarios en el mercado y sobre todo incluir al sector pesquero en las mesas de trabajo, grupos técnicos o interdisciplinarios coordinados por el Gobierno Federal, que aborden acciones para remediar esta afectación.
La conversación
La noticia que hoy domina la conversación en Paraíso es el derrame de petróleo en el Golfo de México.
Con el paso de los días, la mancha de crudo comenzó a extenderse a lo largo del litoral del Golfo, afectando principalmente las costas de Veracruz y Tabasco. Para finales del mes, el desastre ambiental ya abarcaba más de 600 kilómetros de costa.
Entre pescadores se organizaron para recoger el chapopote. Foto: Pescadores de Tabasco.
Mientras el Gobierno Federal anunció la creación de un grupo interdisciplinario para investigar el origen del derrame y determinar su alcance, en las comunidades costeras persistían preguntas básicas ¿de dónde salió el crudo? ¿si la fuga había sido contenida? ¿quién respondería por los daños?
Sin duda, esas cifras, más de 600 kilómetros de litoral afectado, adquieren otra dimensión cuando el problema ocurre frente a tu casa y el mar que miras todos los días comienza a verse distinto.
Semana Santa sin turistas
Es el primer lunes de las vacaciones de Semana Santa, una de las temporadas de mayor actividad turística en las costas mexicanas y Paraíso no era la excepción años atrás.
En estas fechas, los restaurantes suelen duplicar mesas, los malecones se llenan de visitantes y los pescadores encuentran una de las mejores épocas del año para vender su producto. Esta vez no es así.
Paraíso se ve con poca gente. En lugares como Puerto Ceiba, El Bellote, Barra de Tupilco y la villa de Chiltepec, que cada año reciben a cientos de visitantes durante estos días, la actividad es casi inexistente, dos, tres familias distraídas de las noticias nacionales llegan.
Negocios cerrados en plena temporada de Semana Santa. Foto: Itzel Chan.
Restaurantes con mesas vacías. Comercios abiertos, pero con poco movimiento. Lanchas que no salieron y las que sí, regresan sin saber dónde podrán vender lo que capturen. En las carreteras las mujeres ostioneras rematan sus bolsas a 20 pesos el kilo.
Parte de la caída en la actividad económica, dicen los habitantes, tiene que ver con la incertidumbre.
Ante la falta de información clara sobre el alcance del derrame comenzaron a circular versiones que advertían que todas las playas de Tabasco y productos pesqueros estaban contaminados, esto sin estudios oficiales que confirmaran la versión.
En esa confusión, la percepción del riesgo terminó golpeando de lleno a las economías locales.
“Nuestra inconformidad es que desde hace mucho tiempo tenemos contaminación y no hay quien nos preste la atención y el apoyo debido, como para hacer estudios a las aguas, a los bancos de ostiones. La verdad, nosotros pedimos el apoyo a las autoridades correspondientes para tener un mejor ingreso para nuestras familias”, indicó Álvaro Wilson de la Cruz, presidente de la Sociedad Cooperativa de Producción Pesquera Andrés García, en la comunidad de El Bellote, representante de 379 socios.
Para muchos habitantes de Paraíso el problema no empezó con el chapopote, el deterioro ambiental y social viene de años atrás.
Pescadores trabajan a espaldas de la Refinería. Foto: Itzel Chan.
La bonanza que pasó demasiado rápido
Muchos ubican el punto de inflexión en 2019, cuando comenzó la construcción de la refinería Olmeca en Dos Bocas, a pocos kilómetros de la ciudad.
Al principio fue una bonanza porque llegaron trabajadores de distintos estados y países como China, aumentó la demanda de renta vivienda, se abrieron restaurantes, hoteles y negocios. Durante varios años la economía local giró alrededor de la obra y en menos de una década después el panorama es distinto.
Hay plazas con locales vacíos, edificios inconclusos, negocios que cerraron después del auge inicial.
La Refinería está en medio de toda la comunidad. Foto: Itzel Chan.
En la comunidad de Nuevo Torno Largo, a unos kilómetros de Paraíso, la contradicción se puede ver con claridad.
Don Saúl, de 60 años, tiene una pequeña palapa con servicios turísticos frente a la laguna costera. Cruzando el agua, se levantan los mecheros industriales que queman gas día y noche.
Desde la playa, desde la laguna, desde el centro de la comunidad se puede ver la flama.
Don Saúl trabaja en actividades vinculadas a la refinería, aunque ahora piensa en retirarse. Cuenta que trabajar para el proyecto le deja un sueldo específico de manera periódica, pero reconoce que su ubicación significa “una bomba de tiempo” para la comunidad.
Menos ostión, más incertidumbre
Para los pescadores, además, la situación se ha vuelto cada vez más difícil. Álvaro Wilson recuerda que la producción de ostión en la región ha caído de manera drástica en los últimos años.
Antes, dice, los bancos ostrícolas podían producir cientos de miles de piezas por semana. Hoy las cantidades son mucho menores.
“Hoy cuando menos entregamos 60, 80 o máximo 100 millares y a veces eso es con esfuerzo. La Laguna Mecoacán ha bajado a un 20 o 30% de capacidad y nosotros somos cuatro cooperativas en la Laguna que tenemos permiso de ostión de suelo. Esas cuatro cooperativas tenemos a mil personas y si las mil nos metemos en la laguna, la vamos a acabar. Por eso nosotros pedimos el apoyo a las autoridades competentes que nos ayuden para repoblar la laguna”, aseveró.
Es sobreexplotación, contaminación, cambios en las corrientes o alteraciones en el sistema lagunar. Lo cierto es que no existen estudios recientes que permitan entender con precisión qué está ocurriendo.
Los rastros de la Refinería se miran desde los manglares. Foto: Itzel Chan.
“Hoy miramos este derrame que hay aquí en el litoral de Tabasco y parte de Campeche. Un derrame que está afectando, pero que hoy lo minimizan porque lo que dicen es que no hay. Acá no ha arribado, pero en la barra de Tupilco hacia allá sí hay, pero todos se hacen de la vista gorda y el medio ambiente es el que está acaparando toda la contaminación”, señaló.
Según cuenta, desde hace tiempo los pescadores han solicitado diagnósticos ambientales y programas de repoblación de ostión que permitan recuperar los bancos naturales.
A la caída en la producción se suma ahora el impacto indirecto del derrame, porque la crisis también se vive en tierra firme.
“Me dirijo a la presidenta Claudia Sheinbaum, me dirijo al gobernador y me dirijo al presidente municipal de Paraíso. Necesitamos dialogar, necesitamos que ellos vengan a ver que lo que nosotros hablamos no es mentira, o sea, no tenemos el turismo que realmente estábamos esperando para que nuestras familias fueran beneficiarias. Necesitamos un plan B”, indicó Horacio Wilson Naranjo, pescador.
En las mesas de madera de la cooperativa pesquera, cada mañana se reúnen mujeres que llevan años siendo parte de una actividad invisibilizada en la economía del mar.
Las mujeres son desconchadoras de ostiones
Se levantan muy temprano y además de sus tareas del hogar, se reúnen en la cooperativa pesquera y se organizan para extraer y desconchar el ostión.
Algunas acompañan a sus esposos a pescar otras especies como liseta, pargo, robalo y ostiones.
Observan que las especies ya no son tantas como antes y las que logran sacar ya no encuentran donde vender su producto.
Piden al gobierno programas de prevención de derrames, incluso más apoyos económicos porque los que tienen ahora no son suficientes porque se les entrega de manera anual y tienen hijas e hijos de edad escolar de diferentes grados.
En ocasiones, explican, han tenido que dividir lo poco que consiguen. Dos mojarras para una familia de cinco personas. Cuando el dinero no alcanza, las propias mujeres del pueblo se ayudan entre sí porque se prestan arroz, frijol o fideos para completar la comida del día.
“Hay familias que se van a dormir como se despertaron, sin comer. Les ha tocado a veces compartir dos mojarras entre una familia de cinco, sólo por decir un ejemplo. No tienen alternativas económicas”, indicó Rosalinda Montejo de la Cruz.

Dos de las mujeres desconchadoras de ostiones en Tabasco. Foto: Itzel Chan.
Piden programas de prevención de derrames, diagnósticos ambientales y también programas de empleo temporal que permitan sostener a las familias cuando la pesca se detiene. Muchas tienen hijos en edad escolar y aseguran que los apoyos actuales, son insuficientes.
Dicen que ya se acostumbraron a los olores fuertes, al ruido constante y a las vibraciones que se sienten a ratos en la tierra.
Entre la contaminación, la caída de la pesca y el aumento de la delincuencia, la vida en Paraíso se volvió incierta.
“Nadie sale después de las seis de la tarde”, cuenta. Para ellas, el municipio vive en una tensión permanente.
Petróleo a cambio de petróleo
Aunque en algunas zonas el agua se ve limpia aparentemente, el miedo entre los consumidores ha reducido las ventas.
Miguel Ángel Carrillo, pescador y comerciante de la zona, dice que la Cuaresma suele ser una de las temporadas más fuertes para la venta de pescado y marisco. Pero este año ocurrió lo contrario.
“La verdad sí nos afectaron las ventas. Nos ha afectado hasta a los de turismo, a restaurantes, todo. Todo porque la gente piensa que el marisco está contaminado”, indicó.
En algunos casos, los pescadores han tenido que guardar producto en congeladores o venderlo a menor precio.
Neveras llenas de hielos y productos pesqueros en esta temporada. Foto: Itzel Chan.
Rufino Lara Wilson afirma que aunque no todas las comunidades han tenido contacto directo con la mancha de hidrocarburo, la percepción del derrame ha afectado a toda la región.
“A nosotros los productores lo que nos afecta es que los mercados se cierran. Y se cierran por la contaminación que ya se sabe, pero por ejemplo ahora que no nos llegó el chapopote, aún así nadie llega y el productor se da vuelta nada más con su producto; no tiene mercado donde venderlo porque pues vive de eso", mencionó.
Impactos en la salud
En el sureste mexicano, hay bebés que comienzan la vida antes de tiempo, con bajo peso o con malformaciones. Es el resultado de una práctica industrial que arde día y noche: la quema de gas fósil en mecheros.
Un estudio elaborado por CartoCrítica y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) documenta lo que durante años las comunidades han denunciado sin ser escuchadas y es la exposición a estas emisiones está asociada con afectaciones graves en la salud de recién nacidos en estados como Tabasco, Veracruz, Campeche y Chiapas.
Pemex les da un apoyo anual a los pescadores. Foto: Itzel Chan.
En zonas con alta exposición a mecheros, el riesgo de anomalías cromosómicas aumenta en un 87% y el de malformaciones congénitas en un 84%. A esto se suman nacimientos prematuros, bajo peso y menor talla al nacer. El impacto ocurre incluso antes del primer aliento.
“Esto no es una suposición: son datos. La quema de gas enferma desde antes del nacimiento. Las comunidades que viven cerca de los mecheros no pueden seguir siendo tratadas como zonas de sacrificio”, advirtió Manuel Llano, de CartoCrítica.
La combustión de gas en estos sitios libera contaminantes altamente tóxicos como benceno, partículas finas, metano y óxidos de azufre, sustancias vinculadas con enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cáncer y alteraciones en el desarrollo fetal. Sin embargo, la práctica continúa como parte del modelo energético vigente.
Se observan gases en el aire durante el día y la noche. Foto: Itzel Chan.
Más del 80% de la quema de gas en México se concentra en el sureste, una región donde comunidades rurales, muchas de ellas indígenas, viven cerca de infraestructura petrolera sin acceso a información, monitoreo constante o mecanismos efectivos de protección.
En este contexto, los territorios se convierten en zonas de sacrificio porque son espacios donde el costo del desarrollo energético se mide en cuerpos, en enfermedades y en infancias vulneradas.
* Este artículo fue escrito por Itzel Chan, quien cubre comunidades costeras gracias al apoyo del programa Report for the World.


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