Cada año, con la llegada del calor más intenso, la misma escena se repite en Yucatán y hay calles a oscuras, ventiladores detenidos y familias enteras intentando sobrellevar temperaturas que no dan tregua. Entre abril y agosto, los reportes por cortes de energía eléctrica se disparan y en los municipios costeros la escena se agudiza porque las y los pescadores lidian con la conservación de sus productos pesqueros.
“Aquí en el puerto en temporadas vacacionales se va mucho más la luz porque vienen turistas y toda la luz se la llevan los hoteles”, mencionó Marina Ruiz, habitante del Cuyo.
Los problemas de electricidad se agudizan en temporadas vacacionales. Foto: Ayuntamiento de Celestún.
En los últimos años, El Cuyo ha comenzado a transformarse. A la par de la actividad pesquera, han surgido nuevos restaurantes, pequeños bares y espacios de esparcimiento que buscan responder a la creciente llegada de turistas. Para muchos habitantes, esta diversificación representa una oportunidad, pero también abre preguntas sobre el rumbo del desarrollo en la comunidad.
Elías Hernández Medrano, pescador, observa estos cambios y reconoce que la modernización puede ser positiva, siempre y cuando no comprometa el equilibrio del lugar.
“Está bien que crezca, pero que sea sustentable”, dice, consciente de que el desarrollo sin planeación puede traer más problemas que beneficios.
Las temporadas de Semana Santa y verano son el punto más crítico. Aunque el ambiente festivo dinamiza la economía local, también deja al descubierto las limitaciones del pueblo.
Guillermo dice que durante esos días, los servicios básicos colapsan. “Son 15 días los que dura la fiesta, porque en ese tiempo también El Cuyo se convierte en un salón de fiestas de los políticos. Nos ha pasado que cuando llega mucha gente, no hay servicios suficientes, sobre todo la luz, y tampoco hay comida suficiente”, afirma.
Los servicios básicos en El Cuyo colapsan en temporada vacacional. Foto: Grecia Cetina.
Detrás del auge turístico, lo que queda es una comunidad donde la electricidad, el agua y hasta el acceso a alimentos escasean en medio de la temporada alta.
El uso masivo de aires acondicionados ante temperaturas extremas incrementa la demanda eléctrica a niveles que la red no logra sostener. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) suele atribuir estas fallas a una “sobrecarga en la red”, y entonces transformadores colapsan y hay cortes intermitentes que pueden prolongarse por horas.
“En Celestún cuando se va la luz, lo malo es que tarda en llegar y sobre todo, se va la red, nos quedamos incomunicados pues. Y sí, es una lata porque tenemos que conseguir hielo para nuestros congeladores donde guardamos el producto pesquero”, señaló Wendy Uc, pescadora.
En zonas costeras y en áreas de expansión inmobiliaria, el crecimiento acelerado ha intensificado la presión sobre una infraestructura que no necesariamente fue diseñada para soportar ese nivel de consumo.
Durante temporadas vacacionales y fines de semana, la ocupación de casas de playa, hoteles y rentas temporales incrementa de forma significativa el consumo eléctrico.
En lugares como Progreso, Celestún o Telchac, habitantes han señalado que los apagones se vuelven más frecuentes justo en los periodos de mayor afluencia turística. Mientras el sector turístico mantiene su operación, muchas familias enfrentan cortes de luz que afectan desde la conservación de alimentos hasta el descanso en medio de noches sofocantes.
Las fileteras igualmente padecen las consecuencias de las fallas eléctricas. Foto: Itzel Chan.
Alfredo Gómez, pescador en Progreso, mencionó que sin electricidad, las plantas de hielo dejan de operar y el poco que queda almacenado comienza a derretirse en cuestión de horas.
Para quienes dependen de la pesca diaria, esto significa ver cómo su producto pierde calidad antes de llegar al mercado, obligándolos a vender a menor precio o, en el peor de los casos, asumir pérdidas totales.
Ante estos escenarios, los pescadores improvisan y buscan hielo en otros puertos, aceleran la venta o comparten recursos entre cooperativas, pero cada solución implica más gastos y menor margen de ganancia.
La presión se intensifica durante las temporadas de calor y alta afluencia turística. En puertos como Progreso, Celestún o Telchac, el incremento en el consumo eléctrico por casas de verano, hoteles y rentas temporales compite directamente con las necesidades de las comunidades locales.
Los nuevos complejos hoteleros usan mucha electricidad. Foto: Itzel Chan.
Sisal se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de cómo el turismo puede rebasar la capacidad de los servicios básicos. Durante temporadas altas, habitantes han denunciado que el aumento en la afluencia de visitantes provoca cortes frecuentes de energía eléctrica y fallas en el suministro de agua potable. Mientras hoteles, restaurantes y casas de renta mantienen su operación, muchas familias enfrentan horas e incluso días, sin luz ni agua.
Tan sólo el año pasado para Río Lagartos se contabilizó un reporte de seis apagones “por periodos de horas” entre julio y octubre.
En una revisión de reportes de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) se detectó que al menos 40 comunidades y los puertos del litoral oriente sufren interrupciones reiteradas. En Progreso se identificaron quejas por episodios de 10 horas sin electricidad y quienes viven de la pesca reportan pérdida.
* Este artículo fue escrito por Itzel Chan, quien cubre comunidades costeras gracias al apoyo del programa Report for the World.


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