Comunidades pesqueras de Yucatán buscan adaptarse a un mar cada vez más cambiante

En las costas de Yucatán, los efectos del cambio climático comienzan a sentirse en la intensidad de los huracanes, en la erosión costera, en la pérdida de manglares y en la incertidumbre que enfrentan cientos de familias pesqueras que dependen del mar para sobrevivir.
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Foto: Claudia F.

En las costas de Yucatán, los efectos del cambio climático comienzan a sentirse en la intensidad de los huracanes, en la erosión costera, en la pérdida de manglares y en la incertidumbre que enfrentan cientos de familias pesqueras que dependen del mar para sobrevivir.

Aunque muchos de sus impactos se manifiestan lentamente, los especialistas advierten que las comunidades costeras ya experimentan transformaciones profundas relacionadas con el clima y la presión humana sobre los ecosistemas marinos.

En Yucatán, miles de familias dependen directamente del mar. Tan sólo en 2025, el estado registró más de 17 mil pescadores, más de 4 mil embarcaciones ribereñas activas y actividad pesquera distribuida a lo largo de 12 municipios costeros, en puertos como Celestún, Sisal, Progreso, Dzilam de Bravo, San Felipe, Río Lagartos y El Cuyo, de acuerdo con la Secretaría de Pesca y Acuacultura Sustentables (Sepasy) del estado.

Pero esa actividad depende de ecosistemas altamente vulnerables y manglares, lagunas costeras, arrecifes, petenes y pastos marinos funcionan como barreras naturales frente a las tormentas, como zonas de crianza para múltiples especies y como estructuras ecológicas que sostienen la productividad pesquera.

Hoy, esos ecosistemas enfrentan presiones simultáneas como aumento de la temperatura, erosión costera, pérdida de hábitat, urbanización y fenómenos hidrometeorológicos cada vez más intensos.

Las propias comunidades pesqueras ya reportan menos captura, alteraciones en las corrientes marinas, cambios en el viento y la necesidad de alejarse cada vez más de sus zonas habituales de pesca.

Untitled design (58).jpgLas comunidades costeras se han adaptado a los cambios que ya ocurren en el mar. Foto: Miguel Cocom.

La tendencia también comienza a reflejarse en cifras oficiales, pues la producción pesquera estatal pasó de 47 mil 630 toneladas en 2021 a 38 mil 952 toneladas en 2023, antes de registrar un repunte parcial en 2024.

Frente a este escenario, comunidades pesqueras de lugares como Celestún, Sisal y Río Lagartos comienzan a impulsar respuestas locales basadas en restauración de manglares, refugios pesqueros, monitoreo comunitario y proyectos tecnológicos como sistemas de energía solar y cadenas de frío sostenibles.

El pescador Rommel Alcocer Alcocer Díaz, integrante de la cooperativa Manuel Cepeda Peraza, aseguró que los efectos del cambio climático ya son visibles en las costas de Yucatán y afectan directamente la actividad pesquera. 

Explicó que en los últimos años han observado la llegada masiva de algas al Caribe, fenómeno que ha derivado en eventos de marea roja y en mortandad de peces. 

“Todo eso afecta porque los peces se mueren y nosotros tenemos que ir más lejos para poder pescar”, señaló. Esta situación, agregó, incrementa los costos de operación y reduce las posibilidades de obtener buenas capturas.

"Los cambios en las condiciones climáticas han hecho más difícil el trabajo en el mar debido a la presencia de vientos más fuertes y tormentas frecuentes", precisó.

El pescador manifestó su preocupación por el deterioro de los arrecifes, donde han observado el blanqueamiento de los corales y la acumulación de lodo en zonas que antes presentaban una alta biodiversidad. 

“Los corales se están poniendo blancos por el calor del agua y eso afecta a muchas especies que viven ahí”, comentó. 

A su juicio, estos cambios representan una amenaza para la pesca y la salud de los ecosistemas marinos de los que dependen numerosas comunidades costeras.

Untitled design (59).jpgEspecies como el pulpo ya resienten el cambio climático. Foto: Claudia Novelo.

Es necesaria una medida de mitigación articulada

Especialistas advierten que muchas estas acciones para enfrentar estos cambios aún avanzan de manera fragmentada y dependen más de los esfuerzos comunitarios que de una estrategia climática plenamente articulada.

“El pescador en Yucatán está muy bien informado. Son muy conscientes de todos los cambios y efectos que está teniendo el cambio climático en su vida diaria”, explicó Erika Gómez Adán, especialista en políticas públicas de Environmental Defense Fund (EDF) de México.

Entre las especies más afectadas se encuentra el pulpo maya, cuya reproducción y fertilidad comienzan a verse afectadas por el aumento de la temperatura del mar. También especies como el mero y el pargo presentan alteraciones relacionadas con cambios en la distribución de los recursos pesqueros.

Las comunidades costeras enfrentan entonces pérdidas económicas constantes y daños a la infraestructura pesquera como redes, jaulas acuícolas y embarcaciones.

“Casi cada año va a pasar algo que lamentablemente les va a costar su inversión”, advirtió Gómez Adán.

Además del cambio climático, las costas yucatecas enfrentan problemas vinculados a la contaminación y las mareas rojas. De acuerdo con la especialista, los vertimientos de nutrientes provenientes de actividades agroindustriales, incluidas las granjas porcícolas, favorecen la proliferación de algas nocivas que afectan las temporadas de captura y golpean la economía pesquera.

IMG_2985.jpgLos mismos pescadores son quienes hacen monitoreos de especies en sus comunidades. Foto: Itzel Chan.

“Cada vez las comunidades pesqueras se van enfrentando a distintos retos en general”, señaló.

Frente a este escenario, en Yucatán comenzó la construcción de un Programa Especial de Acción Climática para Pesca y Acuacultura, elaborado mediante un proceso colaborativo entre cooperativas pesqueras, academia, organizaciones civiles, sector privado y gobierno estatal.

El documento incluye 65 líneas de acción enfocadas en adaptación climática, restauración de manglares, fortalecimiento de refugios pesqueros, monitoreo de marea roja, sistemas de alerta temprana y diversificación económica para pescadores durante temporadas de veda.

También incorpora temas sociales que históricamente han sido invisibilizados en la pesca, como la participación de mujeres, juventudes y pueblos indígenas en la toma de decisiones sobre el futuro de las costas yucatecas.

Entre las estrategias propuestas destacan soluciones basadas en la naturaleza que buscan reducir la vulnerabilidad de las comunidades frente a tormentas y erosión costera.

Untitled design (26) (1).jpgHay zonas donde ya se nota el aumento del nivel del mar en Yucatán. Foto: Itzel Chan.

Sin embargo, especialistas advierten que aún falta fortalecer la coordinación entre instituciones y atender problemas estructurales como el saneamiento del agua, los ordenamientos territoriales y la regulación del crecimiento urbano en zonas costeras.

“El cambio climático ya está aquí”, resumió Gómez Adán.

Y mientras el mar cambia lentamente frente a sus ojos, las comunidades pesqueras de Yucatán intentan adaptarse para sobrevivir en un territorio donde el clima, la economía y la vida costera se transforman al mismo tiempo.

El problema fuera del agua:

Las comunidades pesqueras también enfrentan temporadas de huracanes más agresivas, pérdidas constantes de infraestructura y daños económicos recurrentes. Redes, jaulas acuícolas y embarcaciones son destruidas cada vez con mayor frecuencia por fenómenos hidrometeorológicos extremos.

Para Nadia Citlali Olivares Bañuelos, directora de Océanos Resilientes en EDF México, el cambio climático debe entenderse como un proceso acumulativo cuyos efectos comienzan a reflejarse principalmente en ecosistemas vulnerables y especies con hábitats más limitados.

“Lo vemos en los corales, lo vemos en especies que dependen de zonas arrecifales, de manglares o de pastos marinos”, explicó.

Untitled design (60).jpgEn la costa yucateca comienzan esfuerzos para mitigar los efectos del cambio climático. Foto: Itzel Chan.

En la península de Yucatán, agregó, la reducción de estos ecosistemas costeros representa un riesgo directo para especies de importancia pesquera y comercial.

Uno de los ejemplos más claros es el pulpo maya, especie endémica de la región.

“Más que estar siendo afectado en este momento directamente por temperatura, sí podemos estarlo afectando por la reducción del hábitat que utiliza para completar su ciclo de vida”, señaló.

La especialista advirtió que, además del deterioro ambiental, existe otro desafío urgente: adaptar continuamente las estrategias de manejo pesquero a los cambios ecológicos.

IMG_7862.jpgCooperativas pesqueras impulsan acciones de adaptación climática. Foto: Itzel Chan.

“No actualizar el manejo pesquero también afecta a las especies porque no les estamos dando la oportunidad de administrarlas de acuerdo a las necesidades que están teniendo y a la presión que están recibiendo”, indicó.

Por ello, académicos, cooperativas pesqueras, organizaciones civiles y autoridades estatales comenzaron a impulsar nuevas estrategias de adaptación climática enfocadas en la pesca y acuacultura.

Olivares Bañuelos explicó que una de las estrategias impulsadas consiste en promover el uso de anzuelos más selectivos para evitar la captura de ejemplares juveniles de mero y permitir que alcancen su talla reproductiva.

“Acciones pequeñitas como cambiar un anzuelo sí son muy efectivas para algunas especies”, afirmó.

Además de las medidas técnicas, especialistas coinciden en que la adaptación climática requiere fortalecer capacidades comunitarias, integrar a juventudes, mujeres y pueblos indígenas, y construir estrategias donde participen gobierno, academia, sector pesquero y sociedad civil.

“No sería justo seguir pensando que sólo los biólogos tienen que atender estos temas. Tiene que ser algo mucho más integral”, sostuvo Nadia Olivares.

 

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