En el Golfo de California, algunas especies han dejado de encontrarse en los sitios donde habitualmente eran observadas, pero eso no necesariamente significa que hayan desaparecido, parte de la respuesta podría estar a decenas de metros bajo el mar.
Investigadores de Baja California Sur preparan una expedición para explorar, a 30 u 80 metros de profundidad, una franja del ecosistema marino sobre la que existe poca información y donde podrían encontrarse organismos que se desplazaron ante los cambios en las condiciones del océano.
Héctor Reyes Bonilla, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), explica que una menor presencia de peces en aguas superficiales puede tener distintas explicaciones.
“Puede ser que llegas a un lugar y la pesca en aguas superficiales o someras no es mucha, pero abajo están los organismos”, señala.
La posibilidad resulta de interés para pescadores que han observado cambios en sus capturas y en la presencia de especies después de alteraciones oceanográficas.
“Ellos saben por la cuestión del Niño que desaparecieron muchos peces, andan muy abajo; o sea, la pesca disminuyó notablemente o cambió”, señala Reyes Bonilla.
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Una parte del Golfo de California de la que poco se sabe
El conocimiento sobre lo que ocurre debajo de los 30 metros es limitado. Reyes Bonilla explica que la profundidad dificulta las investigaciones mediante buceo y que los equipos necesarios para explorar estas zonas no son comunes en México.
“La historia de organismos de profundidad, que vamos a trabajar entre 30 y 80 metros, más o menos, es muy rara (...) desde el punto de vista de buceo está muy lejos y es hasta peligroso. Entonces casi no hay información”, dice.
En años recientes se han realizado exploraciones con sumergibles en distintos puntos de la bahía de La Paz. Hacia Loreto, sin embargo, los registros son más escasos, de acuerdo con el investigador.
Para obtener esa información, el equipo utilizará un vehículo operado remotamente, conocido como ROV, que será controlado desde una embarcación y permitirá observar los organismos presentes hasta aproximadamente 80 metros.
Las condiciones bajo el mar representan también un desafío para este tipo de tecnología. “Trabajar a 80, 90 metros con un cable y con un aparato que vale medio millón de pesos (...) es un peligro porque si se atora, se rompe y pierdes todo”, explica.
Las corrientes dificultan además el uso de vehículos pequeños. El equipo que utilizarán los investigadores tiene mayor tamaño, potencia y capacidad para operar a profundidad.

Los pescadores también quieren saber dónde están los peces
La investigación tiene un componente directamente relacionado con la pesca. El equipo sostuvo conversaciones con representantes de sociedades pesqueras de Baja California Sur interesados en conocer qué tan abundantes son algunas especies comerciales en aguas profundas.
“A ellos les interesaba ver la información para saber (...) qué tan abundantes eran ciertos peces comerciales en la profundidad”, comenta Reyes Bonilla.
El interés surgió después de los cambios observados en el mar. El investigador menciona una menor presencia actual de sardinas, tiburones y aves, aunque señala que estos movimientos pueden ser temporales.
“Ya no hay tiburones ahorita, pero todo es temporal (...) van y vuelven. Entonces tenemos que saber qué pasa el año que entra”, explica.
La exploración permitirá observar si los organismos permanecen en aguas profundas o vuelven a encontrarse en zonas donde anteriormente eran registrados. Esa información podría modificar la interpretación de una temporada con menores capturas.
“Puede ser que no haya un problema de pesca, simplemente los organismos están abajo, y puede uno regular o puede manejar el recurso de manera distinta”, dice.

México comienza a mirar hacia especies de mayor profundidad
El interés por conocer estos ecosistemas ocurre mientras México comienza a dirigir parte de su actividad pesquera hacia recursos que habitan aguas más profundas.
Reyes Bonilla menciona como ejemplos la merluza y la langostilla. “México ahorita como país, al menos en la parte pesquera, está volteando hacia este tipo de recursos”, señala.
La merluza habita a partir de profundidades cercanas a los 30 metros, mientras que la langostilla se encuentra también asociada a zonas profundas del Pacífico.
Para el investigador, conocer estos ambientes será necesario conforme aumente el interés por su aprovechamiento. “La idea es empezar a ver este tipo de recursos (...) ver cómo los podemos aprovechar”, explica.
La disponibilidad de tecnología representa todavía una limitante. Reyes Bonilla señala que existen pocos vehículos submarinos con capacidad para trabajar a esas profundidades y bajo corrientes fuertes.
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El Niño puede ofrecer pistas sobre un océano más cálido
Los cambios observados después de El Niño también permitirán estudiar cómo responden los organismos ante variaciones importantes en las condiciones del mar.
Reyes Bonilla considera que conocer qué especies regresan, cuáles permanecen a profundidad y cómo cambia su distribución puede aportar información para anticipar escenarios futuros.
“Tenemos que saber qué pasa el año que entra para poder decir: ‘Ah, mira, se dio tal cosa’ y predecir”, señala.
El investigador relaciona estas observaciones con los cambios que puede enfrentar el Golfo de California conforme aumenta la temperatura del océano.
“Lo que tú estás viendo ahorita es lo normal dentro de 20 años”, advierte.
La expedición recorrerá sitios entre La Paz y Loreto, y utilizará el ROV para registrar peces a diferentes profundidades. Hasta el momento se prevé que la realicen a partir de mayo. El proyecto fue seleccionado entre alrededor de 40 propuestas presentadas a una convocatoria de la Western Flyer Foundation.
De acuerdo con Reyes Bonilla, únicamente cinco fueron elegidas. Participarán investigadores de la UABCS y centros de investigación de Ensenada, además de estudiantes que se incorporarán a las actividades científicas y educativas a bordo.
Los registros permitirán comenzar a observar una parte del Golfo de California que permanece fuera del alcance de los estudios convencionales y aportar información sobre los cambios que ya advierten quienes dependen del mar.
Saber si los peces disminuyeron, cambiaron de zona o simplemente descendieron a aguas más profundas será también una pieza para entender cómo podrían transformarse las pesquerías de Baja California Sur frente a un océano cada vez más cálido.




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