
En las comunidades de Calakmul, los ataques de jaguares y pumas al ganado desataban pérdidas patrimoniales y cacerías de venganza que alimentaban el mercado negro de especies. Ahora, con cercos eléctricos, campesinos y conservacionistas demuestran que es posible proteger a los felinos y el patrimonio de quienes habitan la Selva Maya.
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