En Dzilam de Bravo, Yucatán, es un secreto a voces que pepineros, como se les llama a los pescadores que se dedican a la captura del pepino de mar, han sido víctimas de desaparición.
Casi todos eran de otros estados y antes de desaparecer sufrieron descompresión, un fenómeno que ocurre cuando emergen a gran velocidad y el nitrógeno, disuelto en la sangre y los tejidos, forma burbujas de gas cuando la presión disminuye, y puede obstruir vasos sanguíneos y causar síntomas similares a un accidente cerebrovascular.
Cuando moría alguno, el patrón o el encargado de la lancha preguntaba quién era. Si la respuesta era que provenía de otro estado, por ejemplo de Campeche, respondían “no importa, son desechables, ahorita traen cinco más”, explica Karín Saidén. Él es mecánico y guía de turistas en Dzilam de Bravo, municipio en la costa central de Yucatán.
Desde hace unos tres años, en 2023, participa en las labores de vigilancia de la comunidad frente al tráfico ilegal del pepino de mar, que está en veda en el estado desde finales de la década pasada. El tráfico ilegal se ha extendido a otras especies como pulpo, caracol y diversos peces.
—Es gente que traen de otros lugares, que se van a bucear y no toman las precauciones o no saben cómo hacerlo. Resultan descompresionados. Muchos van crudos o con algún efecto de droga. Algunos llegan a hospitales y determinan que fallecieron.
Para evitar pagar a las familias 50 mil u 80 mil pesos que exigían por la muerte del buzo, los patrones preferían desaparecerlos y darle 5 mil pesos al pescador encomendado. Llevaban al pepinero a tierra para que vieran que sí llegó, y deslindarse de la responsabilidad. Si alguien preguntaba, dirían que lo vieron de juerga o con alguna mujer, su último paradero incomprobable. Luego, le perforaban los pulmones para sacar el aire y evitar que flote, antes de lanzarlo por la borda.
—Hay comentarios que hasta los han dejado amarrados a una piedra en el mar para evitar la responsabilidad de pagar. Es una leyenda urbana, pero muchas personas lo cuentan.
Los datos de la fiscalía de Yucatán, obtenidos vía transparencia, confirman que entre 2010 y 2026 fueron encontrados 19 cadáveres sin identificar en el litoral yucateco: 11 en Progreso, 1 en Dzilam de Bravo, 1 en San Crisanto, 1 en Sisal, 1 en Telchac Puerto, 2 en Chelem, 1 en Chicxulub Puerto y 1 en Chuburná Puerto.
Las causas de muerte, asentadas en las actas de defunción, son variadas: politraumatismo (1), infarto agudo al miocardio (6), neumonía (1), asfixia mecánica por sumersión (8), cirrosis hepática (1), traumatismo craneoencefálico (1), asfixia mecánica por oclusión de la vía aérea (1).
“Todos los cadáveres referidos se mantuvieron como desconocidos y fueron inhumados en la fosa digna”, respondió la fiscalía yucateca. No indicó las fechas de recuperación de los cuerpos.
El acecho de las organizaciones criminales
A lo lejos, mar adentro, pasa una embarcación. —Es la "Interceptora" — dice uno de los guías al intentar vislumbrar la lancha varios kilómetros hacia dentro desde el malecón de Dzilam de Bravo; tratan de identificar la corporación a la que pertenece, si a la Marina mexicana o a la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Yucatán. La "Interceptora" pertenece a la Marina mexicana, añaden. Es la embarcación que vigila los mares en Dzilam y detiene a los botes que salen a pepinear.
En 2024, los esfuerzos para enfrentar la depredación de especies marinas, que llevaron a cabo los habitantes de Dzilam de Bravo, se vieron detenidos por la presión de las organizaciones criminales en complicidad con autoridades municipales para traficar especies protegidas, cuando acorralaron y acobardaron hasta a elementos de la propia Marina mexicana para relajar sus acciones de vigilancia en los mares del municipio.
En las embarcaciones, los pepineros navegan hasta nueve kilómetros de la costa, para sumergirse hasta las nueve brasas (16 metros) de profundidad. Año con año, debido a la depredación, el pepino de mar es encontrado cada vez más lejos de la costa y cada vez más lejos de Dzilam.
Bucean con un equipo rústico: un motor, un compresor y un tanque de oxígeno que en realidad es un barril de cerveza vacío. Muchas veces, cuando las autoridades estatales o federales navegan en la zona en lanchas como la interceptora, los pescadores de pepino de mar emerger con rapidez para evitar ser capturados. Eso ha ocasionado que haya decenas de descompresiones.
En algunas ocasiones, por falta de atención o por el daño que provoca, la descompresión puede llevarlos a la discapacidad o muerte. Según los reportes de la Secretaría de Salud de Yucatán, entre 2010 y mayo de 2026 se registraron 620 descompresiones en los hospitales generales de Tizimín y Mérida, 609 de ellas en el capitalino Agustín O’Horán, sin que reportaran fallecidos.
A pesar de las súplicas de algunos pescadores que no sabían nadar, fueron lanzados al mar. En los días siguientes, en las costas de Dzilam recalaron los cadáveres de José Alfredo Cimé Romero y Pimienta –José Juan Canché Ortiz–, dos de los pescadores náufragos que se ahogaron en el mar.
Entonces, los pescadores en Dzilam también coincidían en que era posible que existieran más personas desaparecidas de lo que las autoridades contaban, pero no era oficial porque las víctimas provenían de otras partes del país y no era posible mantener un registro pues los vecinos desconocían su identidad, lo cual también minimizaba la posibilidad de generar psicosis entre la población de un estado cuya carta de presentación es ser el más seguro de un país violento, con más de 130,000 personas desaparecidas.

El pepino de mar también desapareció
Dzilam de Bravo es un lugar tranquilo, sin mucha gente en las calles. La playa ha sido devorada por la erosión y un muro de concreto funge como malecón al que algunos pescadores arriban a cuentagotas. Desde hace dos décadas, este municipio costero protagoniza la captura y el tráfico del pepino de mar.
A mediados de los 2000, un biólogo no identificado fue el que comenzó con el comercio de esta especie. Cuentan los pobladores de Dzilam que obtuvo permiso de pesca de fomento, que autoriza a su captura con fines de investigación, exploración, entre otros objetivos. Contactó a una cooperativa, contrató un par de lanchas, sacaba el producto y lo comerciaba. Lo último que supieron de él fue que se fue a Cancún.
Karín estuvo presente en las primeras temporadas. En la primera trabajó como mecánico y para la segunda metió una lancha. Había trabajado en Cancún como mesero, pero la bonanza pepinera le hizo quedarse en Dzilam. Con el paso de los años, se dio cuenta del daño ecológico que causa la depredación del pepino de mar. Entre 2018 y 2019, el pepino de mar desapareció de los mares cercanos a Dzilam de Bravo.
La presencia de medusas y una marea roja en la región provocaron la ausencia de los equinodermos, recuerdan los vecinos. En 2022, fue redescubierto el pepino de mar en los mares alrededor de Dzilam de Bravo.
Al mismo tiempo que reaparecía el pepino de mar, los pescadores y empresarios del sector con congeladores regresaron a las embarcaciones para capturarlo. El pepino de mar, entonces como ahora, estaba en veda.
Para prevenir la desaparición de las especies y proteger el mar, Karín participó en la organización comunitaria de Dzilam de Bravo para replicar otros proyectos de preservación costera como las Zonas de Refugio Pesquero, que entonces existía solo en el municipio de Celestún, pero que han implementado en años recientes otras poblaciones como San Felipe, El Cuyo, Chabihau y Telchac Puerto.
La ZRP es un territorio delimitado en el mar en el que, con excepciones, está prohibido pescar, con el propósito de permitir que las especies se reproduzcan y recuperar la biomasa.
A través de las redes sociales, nació un comité de vigilancia para luchar en contra de los pescadores furtivos conformado por 15 personas, en el que Karín era secretario. Visitaron a las autoridades para solicitar vigilancia y también realizaban recorridos en sus lanchas para denunciar la presencia de sancochaderos, espacios en el manglar donde el pepino de mar pasa por un proceso de preservación para poder ser exportado a Asia.
A Karín, en represalia, sus colegas del puerto le dejaron de dar trabajo y algunos amigos le dejaron de hablar. "Cuando te agarren, no me eches la culpa, si no estuvieras delinquiendo, si no estuvieras haciendo algo ilegal, la ley no viene", les decía cuando le reclamaban su labor de denuncia en contra del furtivismo en el mar.
El boom y la desaparición del pepino de mar
A finales de la década de 2010, el kilo de pepino de mar se pagaba a un peso, pero era tanta la abundancia que los pescadores arribaban con más de una tonelada tras una jornada corta, de tres o cuatro horas en el mar.
Con el dinero generado por las toneladas de pepino, unos vecinos compraban casas o construían cuartos, otros invertían en lanchas, adquirían nuevas o renovaban los motores. —El problema fue que cuando cerraban las vedas, la gente seguía yendo. Había dos o tres personas que con su ambición desmedida incitaban a otras a ir a bucear y extraer el pepino — explica Karín.
Al principio eran vecinos de la comunidad, conocidos por ser depredadores de especies como tortugas, a las que mataban, sacaban la carne y la vendían. “Van pasando ese mal hábito, esa mala maña a los hijos”, dice Karín. Con las ganancias invierten en bodegas y compañías pesqueras, por lo que incitan a sus trabajadores a actuar de la misma forma “y nos pega a todos”.
Algunos pescadores ganaban entre 6,000 y 7,000 pesos diarios, pero había quienes tenían flotas de quince lanchas. Eran tantas las embarcaciones que la mano de obra local no daba abasto y buscaban a personas de otros puertos como Celestún, en el oriente, o Holbox, Quintana Roo, en el poniente.
Más adelante, eso se extendió hacia otros estados del sureste mexicano: llegaban pescadores de Champotón, en Campeche, de Tabasco y Veracruz.
—Es cuando esto se descompuso.

¿Quién controla las aduanas?
El cadáver reseco de una tortuga de carey en medio de un pastizal al final del muelle de madera es una declaración de guerra contra mar y tierra. Quienes lo dejaron, tras extraerle la carne, también dejaron indicios de otros crímenes federales: un pepino de mar en la arena, pailas metálicas donde otros holoturoideos fueron sancochados y cubiertos de sal para luego ser transportados por las vigiladas carreteras de Yucatán. También conchas vacías de decenas de caracoles rosados del Caribe, especie en veda permanente desde 1988.
Karín Saidén me lanza un ejemplar de pepino de mar que acaba de encontrar junto al caparazón de la tortuga. Lo recibo en mis manos. Es un animal rechoncho, hinchado y esponjoso, un tanto grotesco. Es alargado, café y sin otra característica particular. Quién sabe cuánto tiempo lleva aquí. Al menos dos semanas, pues hace quince días Karín me compartió fotografías y videos de este sancochadero a la orilla del mar, en la Reserva Estatal de Dzilam, un área natural (en teoría) protegida de Yucatán, pero a la que los pepineros hacen suya para deforestar y establecer sus sancochaderos.
Este es el segundo que visitamos esta mañana. El común denominador es la basura acumulada. Botellas de refresco, envases de líquidos de motor, mangueras, cordeles, bolsas de papitas y galletas, bolsas de basura y las pailas de metal oxidado en el ecosistema de manglar, tan protegido por las leyes federales mexicanas como el pepino de mar, el caracol rosado o la tortuga de carey. —A ese le dicen ‘suncho’ —, suncho en español yucateco es lo mismo que malvavisco, lo dejan porque es de mala calidad, por estar hinchado no lo compran en China.
China, Corea del Sur y Hong Kong son los principales importadores de los equinodermos con 93.64% del mercado global.
Los principales países exportadores de los pepinos de mar, preparados o conservados (sin ahumar) en 2022 fueron Japón (US$50.3M), Corea del Sur (US$27.1M) y México (US$24M). En el mismo año, los principales países importadores de equinodermos fueron China (US$133M), Corea del Sur (US$18.4M) y Hong Kong (US$5.59M), según la Secretaría de Economía mexicana.
A finales de la década de los 2000, debido al agotamiento de los bancos de pepino de mar causado por la depredación en otras costas del mundo, los comerciantes asiáticos de pepino de mar fijaron sus ojos en otros mares como los mexicanos. A las costas de Yucatán llegaron personas identificadas como asiáticas para capacitar en el sancocho y la salmuera del equinodermo para preservarlo y exportarlo al otro lado del mundo.
El pepino y otras pescas ilegales desde Dzilam parten hacia Mérida y Progreso, para irse al otro lado del mundo. Karín sigue haciéndose preguntas: –¿Quién controla las aduanas?
Esa misma pregunta se hacen a lo largo de la costa pescadores, cooperativas y organizaciones socioambientales.

Cuando la suerte cambió
Trinidad Estrada, don Trino, se dedicó a la pesca del pepino de mar en Celestún hace unos quince años, cuando se otorgaban permisos durante la temporada de captura y solo se abría tres días a la semana, los miércoles, jueves y viernes. Viajaba desde Dzilam de Bravo a ese puerto, en el poniente de Yucatán, para trabajar en la pesca.
–Muchos empresarios se metieron sin medidas, sin nada, lo que querían meter, no había control. Lo que hacía falta eran buzos –dice.
Don Trino nació en 1972 y es tío de Karín. Nada más al descender de los camiones en Celestún, escuchaba el griterío de “¿eres buzo, eres buzo?”, de los representantes de las distintas empresas pesqueras que requerían mano de obra para sumergirse.
En aquel municipio nadie sabía cómo armar los compresores. –Esa temporada mucha gente murió, casi a diario había muertos. En alta mar había cientos de lanchas pepineras. En el fondo encontraban toneladas de pepino del tamaño de un pan blanco de molde. Don Trino calcula que hasta 2,000 lanchas partían al mar celestunense.
Acudió a Celestún durante cuatro o cinco temporadas, pero para las últimas a las que fue ya notaba que ocurría “lo ilegal”, la captura de pepino durante la veda y hasta personas de Dzilam se quedaba a pepinear fuera de temporada.
–Fue como un cáncer que invadió otros puertos hasta que llegó con nosotros de la misma forma.
Con la bonanza pepinera en la década de los 2010 incrementó la venta de alcohol. Dzilam se llenó de cantinas con ficheras, para quienes era el paraíso por la cantidad de dinero que circulaba. Los camiones de cerveza llegaban hasta tres veces a la semana durante la temporada, cuando la normalidad era que fuera solo una vez, porque el alcohol se agotaba en todos lados: los expendios y los clandestinos.
También aumentaron los puntos de venta de droga. En Dzilam se consumía marihuana y cocaína, pero surgió la demanda por la piedra. –Es una droga muy fuerte, que ha matado a varias personas –dice Karín–.
En un centro de rehabilitación en Dzilam González hay muchos menores tratando de enderezarse a esa adicción al cristal. El arribo de los “fuereños” trajo malas prácticas en el mar. Dice Karín: “ellos trajeron la pesca de pulpo con cloro, ellos trajeron tirar bovedillas (cuevas artificiales de concreto) e ir en época de veda para extraer todo ese pulpo”.
Por lo general, los pulpos hallados en las cuevas son hembras con huevecillos. Al extraerlas en su época de desove, se interrumpe su ciclo reproductivo, lo que reduce la cantidad de ejemplares en la zona.
Aunque intentan explicar la importancia de preservarlo, la respuesta que gente como Karín recibe de quienes se dedican a esta actividad es que no les importa, porque tienen qué alimentar a su familia. Él responde que si todo el pueblo se pone a pensar así, “en unos años nos acabamos esto y desaparece”.

La "mafia" del pepino de mar
Existe una “pequeña mafia”, dice don Trino, entre pescadores y patrones, que se conformó por los “ambiciosos” que se hicieron ricos durante la bonanza pepinera, quienes solo compran a los mismos furtivos que lo depredan.
–La gente estaba acostumbrada a que solo la cooperativa tiene permiso y todos los respetan. Pero ya que empezó a haber dinero, se empezaron a alocar todos y se volvió todo un desorden porque la autoridad lo permitió. Era tanto dinero que hasta la misma autoridad se corrompió.
Paul Ortega, el director de Pesca del Ayuntamiento Dzilam de Bravo entre 2018 y 2024, fue identificado por las autoridades federales de la Secretaría de Marina y la Comisión Nacional de Pesca (Conapesca) en un campamento de depredadores furtivos de pepino de mar durante un operativo el 23 de mayo de 2024.
Ortega todavía estaba en funciones como director municipal de Pesca, pertenecía al gabinete de Daniel Armando Herrera Rivera, del PRI, directivo de la congeladora Hulkín.
En 2017, el entonces director de la policía municipal, Carlos Peraza Castillo, del PAN, y regidor en el ayuntamiento, me dijo que el Comité Náutico, conformado por permisionarios del equinodermo, era quien colocaba al alcalde.
El ataque a las autoridades marinas mexicanas en mayo de 2024 es recordado por los pueblos vecinos a la reserva estatal como el parteaguas que provocó el fin de los esfuerzos del comité de vigilancia en Dzilam de Bravo por proteger las especies marinas a través de una Zona de Refugio Pesquero. Karín se quedó casi solo.
El operativo ocurrió a partir del llamado de las cooperativas de San Felipe, frente a la invasión a los límites marinos de los furtivos que operan en Dzilam –quienes, según los entrevistados, provienen de otros estados–. Las cooperativas actuaron preocupadas por la depredación de especies como langosta, pulpo y pepino de mar en la zona al este del faro de Yaxkubul, custodiada por la Zona de Refugio Pesquero de San Felipe.
Los pescadores de las cooperativas estaban hartos de los invasores, porque al capturar esas especies ponían en riesgo el sustento de las familias.
–¿Por qué cruzan el faro? –pregunta uno de los integrantes de la cooperativa, quien solicita el anonimato– porque en la zona frente a Dzilam de Bravo ya no hay nada. Si están llegando a nuestro terreno, es porque ya no hay nada. Si estuviera la pesca más cerca, no estarían dañando nuestros terrenos.
El comité de vigilancia comunitaria de San Felipe contactó a las autoridades federales para intervenir. Acudieron con cinco embarcaciones, pero se encontraron con unos 200 furtivos en 60 embarcaciones.
Los furtivos amenazaron con arpones y pistolas de buceo a los marinos y los oficiales de Conapesca. Unas versiones mencionan que los oficiales de Conapesca fueron agredidos, pero la Marina no intervino ni los defendió.
A pesar de intimidar y amenazar a las autoridades federales, ninguna persona fue detenida en el operativo, ni siquiera Paul Ortega, exdirector de pesca, a quien los comités pesqueros de pueblos vecinos señalaban como parte de las redes de tráfico y depredación de especies marinas en cada oportunidad, durante las reuniones integrales del sector en Yucatán en la que participaban con autoridades estatales como la Secretaría de Desarrollo Sustentable, la Secretaría de Seguridad Pública y la Secretaría de Pesca y Acuacultura Sustentable, y las federales con Conapesca, el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables, la Marina y el Ejército Mexicano.
–A partir de eso, dejaron de hacer los operativos en Dzilam, dice Karín; en San Felipe siguen participando. Sucesos como el enfrentamiento entre los furtivos no son aislados. Tampoco la presencia de autoridades en el furtivismo.
A lo largo de la costa yucateca, los defensores del mar cuestionan cómo el pepino de mar puede salir de los puertos estatales, custodiados por la Marina y otras dependencias, por las carreteras yucatecas, por lo general con retenes de la policía estatal, hacia las aduanas del aeropuerto de Mérida y la marítima de Puerto Progreso, a cargo de la Agencia Nacional de Aduanas de México y vigilados por la Guardia Nacional, rumbo a Asia.
En Dzilam de Bravo existe desinterés por parte de las autoridades frente a las mafias locales, identificadas, que trafican con el pepino de mar. Por eso, para evitar riesgos de enfrentamientos y amenazas a su vida, las labores de vigilancia se han convertido en acciones de limpieza de playas y manglares.
Mientras tanto, cambió la propia mentalidad, advierte don Trino. –Si yo quiero ir a comprar pepino, nadie me lo compra; nomás a los furtivos (se lo compran). Las compañías compran, viene la autoridad, ya no te pasan a revisar, ‘toma tu lana y jálale’. Langostas, camarones, pasan todo.

Un delito que no se persigue
Es mediodía. Desde el norte, desde altamar, regresan los pescadores. Karín identifica las lanchas: –Son pepineros.
Karín navega en paralelo a la costa. Señala un punto rojo en medio del verde de los manglares en la playa de la Reserva Estatal de Dzilam. –¿Recuerdas lo que te dije de los trapos? Esos son. Así marcan los sancochaderos. Es un chaleco fosforescente que destaca entre los árboles.
Intentamos ver desde la lancha alguna señal de actividades, pero los manglares tupían el interior, con envoltorios de basura entre la vegetación.
Karín prefirió bordear la costa, para dirigirse a otro sancochadero donde era seguro que encontraría residuos de los furtivos.
Cuando fungía el comité de vigilancia, Karín y los otros integrantes entregaban la información de los horarios y los movimientos de los pescadores furtivos a las autoridades: Conapesca, Marina, SSP, Capitanía de Puerto. Pero “con ellos no se cuenta y si nos esperanzamos a que ellos hagan algo para detener esto, no va a pasar”.
En una ocasión, una teniente dio la orden de que los oficiales se subieran a la lancha con los integrantes del comité de vigilancia para ir hacia los sancochaderos, cuenta Karín, pero días después le dijeron que estaban arrestados por subirse a la lancha.
“El marino cumplió la orden y cuando regresa, lo arrestan, cuando le vuelvas a pedir ayuda, te va a decir ‘ni madres’”.
Oficiales de Marina le han dicho que esa institución y el Ejército se manejan así: ‘la orden es que nos veas, pero no podemos actuar, porque si actuamos, vamos a generar un reporte y este llega a la nación y al llegar ahí arriba se crea una estadística, entonces lo que no quieren es que suba la estadística’ y por más que les enfatiza en su deber por defender el ecosistema, la respuesta a los tenientes es que tienen qué seguir la orden.
Esas paredes con las que se enfrentaba el comité de vigilancia generaban frustración constante porque ellos eran quienes se arriesgaban, no las autoridades: –Te hago tu trabajo, te consigo la embarcación, te consigo la gasolina, saco mi tiempo, dejo de trabajar, dejo de ganar para que tú hagas tu trabajo, me arriesgo porque voy en la embarcación, tú tienes chaleco antibalas, yo no; el más vulnerable es uno, dice Karín.
Los furtivos llevan a los sancochaderos tanques de gas, bultos de sal y bolsas para meterlo. Una vez sancochado, se hace una cama de sal para deshidratarlo. Posteriormente, son trasladados fuera del puerto. Pasan los retenes de la Secretaría de Seguridad Pública de Yucatán.
–No puede ser posible que estando sitiados por la Secretaría (de Seguridad Pública) nunca encuentren a nadie. Es raro. Todos quieren un pedazo de pastel, pero nadie quiere detenerlos –señala Karín.
Cada tanto, las autoridades realizan detenciones o decomisos de pepino de mar y otras especies amenazadas. Según información obtenida a través de transparencia, entre 2010 y febrero de 2026, el Ministerio Público de la Federación inició 44 expedientes por presuntos delitos contra el pepino de mar, ninguno en Yucatán aunque 20 en Campeche; la Fiscalía General de la República reportó el aseguramiento de 21,826 kilogramos y 39 piezas de pepino, siendo 2014, con 11,196 kilogramos, el año con más cantidad de pepino asegurado, seguido por 2019 con 4,544.
La Fiscalía General de la República abrió 33 carpetas de investigación y judicializó 11 por delitos contra la biodiversidad relacionados al pepino de mar, establecidos en el artículo 420 del Código Penal Federal.
La Conapesca informó que desde 2010 se dictaron 32 resoluciones que ordenan formalmente el decomiso de pepino de mar como sanción administrativa. Mientras que la PROFEPA cuenta con un registro de 27 expedientes de denuncia popular relacionados específicamente con el tráfico de pepino de mar a nivel nacional.
Un análisis realizado por Foreign Policy by Brookings, publicado en 2022, reporta que los comerciantes chinos mantenían el control del tráfico de la especie y su exportación ilegal.
“Aunque los intermediarios chinos están presentes en todo México, solo en un caso mis interlocutores –escribe la autora Vanda Felbab-Brown– tenían constancia de la presencia de representantes de grupos delictivos mexicanos en China. Concretamente, se creía que el grupo delictivo organizado mexicano que se había impuesto por la fuerza en la recolección de pepinos de mar en Yucatán tenía una oficina en China”.
El estudio Beche-de-mer, publicado en 2022 por The Pacific Community, señala que entre 2011 y 2021 las autoridades mexicanas incautaron 29,5 millones de dólares a partir de crímenes vinculados al pepino de mar en todo México.
Fueron aseguradas 100 toneladas de pepino de mar seco por autoridades mexicanas y estadounidenses y 125 personas fueron arrestadas, además del decomiso de 15 botes vinculados a actividades ilícitas.
Sin embargo, don Trino explica que ocurre un efecto de “puerta giratoria” porque “los agarran y los sueltan, y van perdiendo el miedo a la autoridad”. Señala que faltan leyes más estrictas porque los terminan soltando después de pagar una multa.

En Dzilam de Bravo, Karín convive con vecinos que se dedican al furtivismo, saben quien es y él sabe quienes son. Pero, a raíz de los incidentes de 2024, el temor a represalias de sus vecinos y la desidia de las autoridades, ahora acude a los sancochaderos para limpiar la basura que dejan los pepineros.
Recoge los envoltorios, las latas y, cuando se encuentra con algún cadáver de una tortuga, le toma fotografías para reportarlo en redes sociales y ante otras organizaciones ciudadanas en la costa. También suele denunciar el daño ecológico que la depredación del pepino de mar causa.
Para él, los furtivos provocan un daño profundo a la sociedad dzilameña: "Dzilam ya tiene mala fama en otros puertos. Nos dicen que ‘todo Dzilam son depredadores’, es un concepto que nos tienen ganado a pulso, pero es un error. Aquí en Dzilam Bravo hay cerca de mil lanchas, y cuando nosotros vemos que están los depredadores en los sancochaderos o que salen a bucear pulpo contamos unas 50 o 60 lanchas. No es ni el 10 por ciento de la población que se dedica a eso".
"Es un pequeño grupo de depredadores, empresarios que no saben hacer nada. Cuando ha estado la autoridad apretando con la vigilancia ves cómo se empiezan a morir de hambre, a pesar de tener 20 o 30 lanchas. Como lo ilegal les deja muchísimo dinero, es la única forma en que pueden subsistir sus negocios. Negocio legal que ponen, negocio que quiebran".
–¿Pero hay lavado de dinero?
–Sí, si, si, sí. Todo lo que manejan es puro efectivo. La gente no se da cuenta. Cuando abran los ojos, ya tenemos al narco acá al lado.
Este reportaje es apoyado por el Fondo de Resiliencia de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional. Publicado en alianza por Fábrica de Periodismo y Causa Natura Media.



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