Cuando Abel Balderas Ramírez escuchó por primera vez que la descomposición de los desechos orgánicos genera gas metano, un potente gas de efecto invernadero, pensó de inmediato en sus hijos.
"¿Van a vivir estos calores, estos fenómenos tan raros?", se preguntó a sí mismo. Recuerda que su preocupación no solo se debió al cambio climático sino también a los lixiviados que se filtran directamente hacia los mantos acuíferos que abastecen de agua a la población.
Con toda esa información en mente decidió comprometerse activamente a "reciclar todo lo que se pueda reciclar” y compostar.
Abel, de 48 años, es presidente del Movimiento Nacional de Recicladores, secretario en la Red Latinoamericana de Recicladores (Red Lacre) y miembro de la Alianza Global. Desde su liderazgo, comenzó a concientizar a sus compañeros recolectores de base sobre el valor de estos residuos.
Al principio, la idea enfrentó resistencia, pues para ellos recolectar material orgánico, que no tiene valor económico, representaba una pérdida de tiempo. "Decíamos: pero, ¿qué hacemos nosotros con este desperdicio? Porque llega bastante de restaurantes, de fruterías, de tiendas, de casas".
"Ahora que sabemos que le podemos dar un mejor trato como es la composta, creo que están encantados, se sienten desahogados un poquito porque saben que ese material va a servir para seguir fortaleciendo nuestra tierra", cuenta.
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La urgencia climática del gas metano
El metano es el principal componente del gas natural y tiene la capacidad de atrapar hasta 86 veces más calor en la atmósfera que el dióxido de carbono (CO2), lo que lo convierte en el responsable de aproximadamente un tercio del aumento de la temperatura promedio del planeta.
A diferencia del CO2, el metano se mantiene activo aproximadamente 12 años en la atmósfera. Así, reducir las emisiones de metano constituye una vía más rápida para desacelerar la crisis climática.
México ocupa el décimo lugar a nivel mundial en emisión de metano, de acuerdo con el Observatorio Mexicano de Emisiones de Metano. El 28% de estas emisiones provienen directamente de los residuos.
Por ello, desviar los orgánicos antes de que lleguen a los basureros, donde se descomponen de manera anaeróbica, es una de las mejores estrategias de mitigación, dice Abel.
Una tarea que los recicladores de base están ya poniendo en marcha.

El reciclaje Inclusivo
En México, al menos 195 mil personas trabajan como recolectores de basura. Miles de ellos se dedican a abrir bolsas con residuos, en condiciones insalubres y riesgosas, para separar plástico, cartón o metal.
El Movimiento Nacional de Recicladores, en alianza con la Unión Lázaro Cárdenas de Trabajadores de Desechos Sólidos Industrializables en Dolores Hidalgo, Guanajuato, puso en marcha un proyecto piloto de reciclaje inclusivo para hacer composta y generar abono.
El modelo plantea transformar la gestión municipal de residuos para que el trabajo de separación ya no ocurra en los tiraderos a cielo abierto sino a través de un sistema organizado de recolección domiciliaria, en el que los ciudadanos separen la materia orgánica.
Luego, los recicladores desvían los residuos orgánicos domésticos en cubetas y los procesan con la tecnología de la Paca Digestora Silva, una técnica ecológica por fermentación anaeróbica, que no genera olor ni plagas, pues permite compostar de forma hermética y controlada, reduciendo las emisiones de gas metano.
Para los recicladores de base se trata también de una forma de dignificar su trabajo. "Ya no estamos metiendo la mano a la basura, ya no estamos todo el día en el sol... ya vas a levantar material limpio", dice Abel.
Además de evitar la deshidratación y la insolación, este modelo disminuye drásticamente los accidentes de trabajo, como pinchazos, cortes e infecciones. "O que te claves una jeringa trabajando en la basura", añade.
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La paradoja económica
La labor de los recicladores de base es clave para las ciudades, pero carecen de reconocimiento y del apoyo gubernamental. Emilio, técnico del Movimiento Nacional de Recicladores y antropólogo social, advierte que la separación manual que realizan ya “le ahorra mucho dinero a los municipios y a las ciudades con todo el trabajo que hacen”.
A pesar de este ahorro millonario para el erario público, los recicladores no reciben salarios ni compensaciones por este servicio social y ambiental. “Solamente a veces en campaña se acercan con despensas, pero son dos, tres veces y ahí nos vemos... No hay un apoyo real ni fondos ni para la gente que está ahí laborando... carecemos de lo más básico como seguridad social, un baño público o equipo de trabajo adecuado”, revela Abel.
A nivel nacional fue incorporado el reciclaje inclusivo en la Ley General de Economía Circular. Sin embargo, estos programas de reciclaje inclusivo no cuentan con presupuesto y subsisten gracias a fondos extranjeros y financiamientos de organizaciones internacionales que apoyan la agenda de los recicladores en América Latina.
Mientras tanto, el piloto del programa para combatir el gas metano a través de la composta y las pacas digestoras se concentra por ahora en Dolores Hidalgo. Han comenzado a replicar el modelo en municipios de otros estados como Oaxaca o Yucatán.
La lucha contra el metano y la crisis climática están entre las prioridades de estos recicladores, pero para que tenga un impacto significativo necesita que el Estado destine financiamiento directo y obligatorio a estos programas dentro de los planes de economía circular, explica Emilio.

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