El océano atraviesa una de las secuencias de calor más persistentes registradas en los últimos años. Durante 100 días consecutivos la temperatura promedio diaria de la superficie del mar se mantuvo por encima del registro histórico para la misma época del año, de acuerdo con los datos de temperatura presentados durante una conferencia internacional sobre el calentamiento oceánico.
El récord corresponde a la temperatura para cada fecha del año y no a la temperatura absoluta más alta registrada en el océano.
El científico climático Zachary Labe, de Climate Central, explicó durante la sesión de preguntas que 2026 no es el primer año en el que se observan rachas de esta duración. En 2023 también hubo una secuencia de más de 100 días con temperaturas récord. La importancia de la racha actual está en el contexto en el que ocurre. Las temperaturas oceánicas han permanecido en niveles excepcionalmente altos durante varios años y el fenómeno continúa mientras se desarrolla un nuevo episodio de El Niño.
“El verdadero motor de este calor récord es el cambio climático, la tendencia de largo plazo”, señaló Labe durante su presentación. Más de 90% del exceso de calor asociado con la quema de combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero termina en el océano, de acuerdo con su explicación.

El golfo de México registra temperaturas récord
Entre las regiones señaladas durante la conferencia está el golfo de México. Labe mostró un mapa de las temperaturas superficiales del mar de los últimos tres meses y destacó que las aguas del golfo presentan actualmente condiciones récord de calor.
“Podemos ver temperaturas récord de la superficie del mar en el golfo de México en este momento”, dijo el científico al presentar los datos regionales.
El dato coloca al golfo dentro de un patrón de calentamiento que también alcanza otras zonas del planeta. Labe señaló condiciones particularmente cálidas en el Mediterráneo, el Pacífico Norte y partes del océano Índico. En algunas zonas del Mediterráneo, las temperaturas superficiales todavía superaban los 30 °C al momento de la conferencia.
El científico explicó que estas temperaturas tienen efectos sobre los ecosistemas marinos y las actividades económicas vinculadas con el océano. Entre ellas mencionó la pesca y el turismo.
Las aguas más cálidas también forman parte de las condiciones que estudian los científicos para entender el comportamiento de los ciclones tropicales. Labe señaló que el aumento de la temperatura del mar puede favorecer una mayor evaporación y tasas más altas de lluvia durante los huracanes, además de incrementar los riesgos asociados con el aumento del nivel del mar.

El Niño ocurre sobre un océano que ya está más caliente
El episodio actual de El Niño contribuye al calentamiento observado en 2026. Labe explicó que la distribución del calor muestra una franja particularmente cálida desde las costas de Sudamérica hacia el Pacífico, correspondiente al fenómeno de El Niño.
En el resto del océano también existen múltiples zonas con olas de calor marinas. Tom Pickerell, director global del Programa del Océano del World Resources Institute, explicó durante la sesión cómo este fenómeno repercute en América Latina.
En condiciones normales, los vientos alisios desplazan las aguas superficiales cálidas hacia Indonesia y Australia. Frente a las costas de Perú y Chile, este comportamiento permite el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes mediante la corriente de Humboldt, una condición fundamental para las pesquerías de la región.
Durante El Niño, los vientos se debilitan y las aguas cálidas regresan hacia el este. El ascenso de nutrientes disminuye y las condiciones para las pesquerías cambian.
Pickerell explicó que durante episodios intensos el impacto puede llevar a los gobiernos a detener temporalmente la actividad pesquera. El especialista citó una estimación del Fondo Monetario Internacional (FMI) según la cual un episodio fuerte de El Niño puede representar un impacto cercano a 1% del PIB de las economías andinas. “El gran impacto de El Niño en esa región es en las pesquerías”, dijo Pickerell.
El efecto también alcanza al turismo. El calentamiento de las aguas puede afectar a los arrecifes de coral y, con ello, a actividades vinculadas con el buceo y otros servicios turísticos.

El calentamiento modifica los ecosistemas marinos
La investigadora Claire Bergen, del ICARUS Climate Research Centre de Maynooth University, explicó que el calentamiento puede modificar las condiciones para las especies. "Incluso un aumento de 1 °C en la temperatura del mar puede tener un efecto significativo sobre la vida marina”, señaló.
En su investigación sobre cuatro regiones de los mares europeos, Bergen encontró incrementos atribuibles al cambio climático de origen humano de aproximadamente 2 °C en las dos regiones del Mediterráneo analizadas. En la región de la bahía de Vizcaya y la península ibérica, el incremento atribuible fue de 1.4 °C, mientras que en la región celta fue de 1.3 °C.
Las temperaturas extremas pueden provocar mortalidad de especies que forman hábitat, como corales, esponjas y macroalgas. La pérdida de estas especies afecta la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas y puede repercutir en invertebrados, peces, aves marinas y mamíferos.
“Mientras en tierra podemos instalar aire acondicionado para enfriarnos, la adaptación de los mares y de la vida marina no es tan sencilla y está muy limitada”, dijo Bergen.
La investigadora también habló de los efectos que las altas temperaturas del mar tienen sobre las zonas costeras. “Las altas temperaturas del mar se han relacionado con eventos de lluvias intensas, como las inundaciones de Valencia de 2024, y también tienen la capacidad de intensificar la destructividad de los ciclones tropicales".
"Existe una relación directa entre el aumento de las temperaturas del mar y la intensidad de las olas de calor en tierra. Las olas de calor que se experimentan durante el verano, particularmente en las zonas costeras, se ven agravadas por las altas temperaturas de la superficie del mar”.
Bergen explicó que estas condiciones también pueden afectar la salud de las personas debido al aumento de la temperatura de bulbo húmedo. “El aumento de la temperatura de bulbo húmedo en tierra afecta negativamente la salud humana, porque un mayor contenido de humedad reduce la capacidad de las personas para regular su temperatura corporal".
"Esto realmente muestra que las temperaturas del mar no están confinadas al mar: afectan a la vida marina, a las industrias de alimentos y turismo, así como a la vida cotidiana de las personas".
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Desplazamiento de especies, otro efecto
El desplazamiento de especies fue uno de los efectos explicados durante la sesión de preguntas. Bergen señaló que algunos peces con ciclos de vida más cortos pueden desplazarse hacia aguas más frías.
En Europa, ejemplares que anteriormente se encontraban frente a España, Portugal o Francia han aparecido más al norte, en aguas del Reino Unido y posteriormente hacia Escocia.
Este movimiento modifica las relaciones entre especies y también afecta a las aves marinas, que pueden permanecer en sus zonas de anidación mientras las especies de las que se alimentan se desplazan hacia otras regiones.
Pickerell dijo que estos desplazamientos también generan retos para la administración de las pesquerías. Puso como ejemplo la caballa del Atlántico Norte, cuya distribución se ha desplazado hacia aguas de Islandia y Groenlandia.
El cambio en la distribución de la especie modificó la relación entre los países que participan en su aprovechamiento. De acuerdo con Pickerell, la falta de acuerdos sobre las nuevas cuotas de pesca ha contribuido a que la especie lleve más de una década sometida a sobrepesca.

El calentamiento del océano también tiene un costo económico
Tom Pickerell planteó que el calor oceánico prolongado debe analizarse también desde la economía. “El calor oceánico prolongado no es solamente un asunto ambiental; es un choque económico”, afirmó.
El especialista explicó que el océano sostiene actividades relacionadas con alimentación, empleo, comercio, turismo y energía.
Estimó que, si el océano fuera considerado como una economía nacional, representaría entre 2.5 y 3 billones de dólares al año y cientos de millones de empleos. Esta estimación no incorpora otros servicios que proporciona el océano, como la regulación climática, la protección de las costas y el almacenamiento de carbono.
Durante la primera mitad de 2026, las olas de calor marinas llegaron a afectar aproximadamente al 82% del océano global, de acuerdo con Pickerell.
Para el especialista, los países necesitan considerar de manera conjunta los distintos cambios que están ocurriendo en el océano. El aumento del nivel del mar, la acidificación, el desplazamiento de especies y las modificaciones en las pesquerías forman parte de un mismo sistema.
Pickerell explicó que los países también enfrentan cambios en la distribución de las especies y una menor capacidad para predecir dónde estarán los recursos pesqueros en el futuro.
El calentamiento del océano ocurre junto con otros cambios químicos. Durante la conferencia, Pickerell explicó que el océano absorbe dióxido de carbono de la atmósfera. Al reaccionar con el agua de mar, este CO 2 forma ácido carbónico y disminuye la disponibilidad de carbonato para organismos que construyen conchas o estructuras de carbonato de calcio, como corales, moluscos y crustáceos.
El especialista señaló que el cambio en el pH puede parecer pequeño cuando se observa únicamente la cifra. La escala es logarítmica y, de acuerdo con su explicación, el cambio representa un incremento aproximado de 30% en la acidez. La modificación ya tiene efectos económicos en algunas regiones.
Pickerell mencionó como ejemplo el traslado de granjas de ostras de Alaska hacia Hawaii.
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El océano también puede aportar soluciones
En la conferencia también se abordó las posibilidades de reducir emisiones desde las actividades vinculadas con el océano. Pickerell mencionó la descarbonización del transporte marítimo, las energías renovables marinas y cambios en los sistemas alimentarios como parte de las alternativas existentes.
“Las personas podemos tomar decisiones conscientes, pero en última instancia necesitamos reducir las emisiones. Esa es la clave”.
Estimó que las soluciones relacionadas con el océano podrían aportar hasta 35% de las reducciones necesarias para alcanzar la meta de 1.5 °C hacia 2050.
Para Pickerell, el océano tiene un papel central en las políticas climáticas y económicas. La protección de los ecosistemas marinos, la adaptación de las pesquerías y el desarrollo de tecnologías para reducir emisiones forman parte de esa relación.
La conferencia cerró con una idea que los tres especialistas desarrollaron desde distintos ángulos: los 100 días constituyen un indicador de una tendencia más amplia. “El dato que me interesa como científico no es el número 100, aunque reconozco que es lo que llega a los titulares. Lo importante es que hemos visto un calentamiento récord tan constante. Una diferencia entre 99 y 102 días no va a cambiar mucho en términos de impactos. Lo que importa es este periodo prolongado de calor récord que seguimos observando este año y en años anteriores, como parte de una tendencia de largo plazo”.
Los datos presentados durante la conferencia muestran así un océano que mantiene temperaturas excepcionalmente altas mientras El Niño continúa desarrollándose. En el golfo de México, esta situación ya se refleja en temperaturas superficiales récord. Para América Latina, los especialistas señalaron efectos particularmente relevantes para las pesquerías, los ecosistemas marinos y las actividades económicas relacionadas con el océano.




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