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Mujeres contra las minas, una defensa ante la violencia y el despojo

Desde la Sierra Tarahumara, en el norte de México, hasta Chubut, en la Patagonia Argentina, mujeres de todas las comunidades se han unido...
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Desde la Sierra Tarahumara, en el norte de México, hasta Chubut, en la Patagonia Argentina, mujeres de todas las comunidades se han unido desde hace más de una década para proteger la tierra de una de las actividades más intrusivas en América Latina: la minería.

Una de ellas es Francisca Zamora, de 59 años, originaria de la localidad de Santa María Zotoltepec, en el municipio de Ixtacamaxtitlán, en la Sierra Norte de Puebla, al centro de México. Durante 12 años, Francis, como le conocen en su pueblo, ha participado en la defensa contra proyectos de la empresa canadiense Almaden Minerals y la mexicana Minera Frisco del empresario Carlos Slim.

En Puebla, los municipios de Ixtacamaxtitlán y Tetela de Ocampo han sido el centro de actividades de exploración minera para la extracción de oro y plata. “Mi casa está más o menos a 300 metros de las propiedades (mineras) donde pretendían hacer el cráter”, cuenta la defensora.

Sin embargo, Francisca ha pasado mucho tiempo no sólo enfrentándose a las minas a cielo abierto, sino a su comunidad y a su propia familia, quienes se negaban a reconocer que la minería pudiera traer algún perjuicio. Así que al inicio, cuando Francis se enteró que en el municipio vecino de Tetela se organizaban contra las empresas, empezó su lucha desde su comunidad con una amiga. Y durante varios años solo fueron ellas dos.

“Me sentí rechazada por la gente y hasta por mi propia familia. Fue algo muy difícil porque yo creía que les iba a interesar. Yo conozco a toda la gente, me llevo muy bien con el pueblo y tenía la seguridad de que todo el mundo vería el tema minero, pero ocurrió lo contrario y eso me afectó mucho”, dice la defensora durante la entrevista.

Francis recuerda los comentarios que recibía respecto. Le dijeron que no debía involucrarse; que no tenía que andar sola tan noche después de las asambleas; que debía quedarse en casa porque era mujer. Aunque ella lo que más disfruta es su tiempo sola y su plan de vida nunca ha sido convertirse en madre o esposa. “A mí me gusta vivir mi libertad”, comenta.

Pintado en Santa María Zotoltepec. Foto: Francisca Zamora.

Además del rechazo de la comunidad, Francis también tuvo que hacerle frente a las empresas mineras, de quienes ha visto intimidaciones y amedrentamiento. Incluso una vez recibió una denuncia en el Ministerio Público hacia ella y otros compañeros de los municipios de la Sierra Norte de Puebla.

En México, así como en el resto de América Latina, el sector minero es uno de los más violentos para personas defensoras de territorio y medio ambiente.

De acuerdo con un informe del Global Witness, en 2021 se cometieron 200 asesinatos de personas defensoras de territorio en el mundo. Lo que representa casi un promedio de cuatro homicidios por semana. México ocupó el primer lugar con 54, seguido de Colombia con 33 y Brasil con 26. En su mayoría, por conflictos ligados al sector minero.

En América Latina alrededor de una de cada 10 personas defensoras asesinadas eran mujeres, de las cuales casi dos tercios eran indígenas. En México, las defensoras están más expuestas a violencias como amenazas, acoso, hostigamiento y estigmatización. 

“Debido a la creciente demanda de alimentos, combustibles y productos básicos, la última década ha experimentado un aumento en el acaparamiento de tierras para industrias como la minería, la explotación forestal, la agroindustria y los proyectos de infraestructura, donde las comunidades locales rara vez son consultadas o compensadas”, se explica en el reporte de Global Witness.

En la Sierra Tarahumara, al norte de México, la lucha de las comunidades rarámuris contra la tala ilegal y la minería ha ocasionado el asesinato de al menos 8 defensores del territorio y el desplazamiento de decenas de familias, principalmente, en Coloradas de la Virgen, en el estado de Chihuahua.

“Las mujeres han sido un pilar muy importante en la lucha de estas comunidades. Han estado activas en los trabajos relacionados a lo jurídico, son ellas quienes van ante las autoridades a hacer las exigencias”, explica Judith González, integrante de la Alianza Sierra Madre A.C., una organización encargada de acompañar a los pueblos, tanto en su defensa ambiental como en otros temas ligados al acceso a derechos humanos.

Judith señala que a diferencia de otros espacios, las mujeres rarámuris no se han visto imposibilitadas de tener lugar como dirigentes, tomadoras de decisiones y creadoras de sus propios espacios. 

Se han opuesto a políticos y caciques, quienes son los principales agentes de agresión en la zona junto con el crimen organizado. Los antecedentes de su participación están desde 2003, cuando mujeres junto con hombres de la comunidad decidieron parar camiones de madera proveniente de tala ilegal. 

Anuncio a las afueras de Tetela de Ocampo donde pretendía operar Minera Frisco. Foto: Hilada Ríos/Cuartoscuro.com

“Yo creo que las mujeres somos de decisión cuando nos lo proponemos”, dice Francisca cuando se le pregunta cómo hacerle frente a los proyectos mineros en la Sierra Norte de Puebla, donde la principal amenaza es la canadiense Almaden Minerals con la Minera Gorrión en Ixtacamaxtitlán.

A pesar de las adversidades, Francis ya no se encuentra sola. Más de 10 años de lucha han generado una mayor organización y alianzas entre las localidades. Incluso hay un grupo de 25 mujeres que se reúnen, platican, ayudan en eventos y hasta llevaron un proyecto de medicina tradicional.

También han tenido logros significativos. Recientemente, la Secretaría de Economía declaró que no era viable darle concesiones a Almaden Minerals luego de un fallo a favor de las comunidades de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) el año pasado. 

Actualmente, la petición principal de los pueblos es modificar la Ley Minera que en México permite concesiones de 50 años y coloca a la minería como una actividad prioritaria. “Hay que combatir el problema de raíz”, dice Francisca. 

Respecto a su papel como mujer defensora agrega que sigue haciendo frente ante el machismo que persiste en su comunidad. “Sepamos valorarnos a nosotras mismas y no dejarnos intimidar por los hombres cuando sabemos que podemos tomar decisiones importantes a favor de la vida”.


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