El costo climático de viajar: ¿Cómo reducir la huella de carbono del turismo?

El turismo global enfrenta la necesidad de acelerar la adopción de tecnologías limpias como el combustible sostenible de aviación para frenar su impacto ambiental, el cual amenaza con escalar del 8% al 18% de las emisiones mundiales para 2044.
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Collage CN Media

Solo un vuelo de Londres a Nueva York genera una cantidad de dióxido de carbono que requiere, aproximadamente, 4 mil 47 metros cuadrados de árboles durante un año para ser absorbido. Ese volumen equivale a las emisiones que genera un habitante promedio en Zimbabue en ese mismo año. Los datos son de la organización Sustainable Travel International y ejemplifican la preocupación que existe en torno al costo ambiental de los viajes aéreos.

Durante la décima edición del Sustainable & Social Tourism Summit, un encuentro internacional que se llevó del 31 de agosto al 2 de septiembre en la Ciudad de México, especialistas y organismos llamaron a la acción a gobiernos y empresas para cumplir con el Acuerdo de París e implementar medidas para reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero de acuerdo con el límite de 1.5°C.

Una tarea pendiente es precisamente el turismo, que representó el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo en 2026, según World Economic Forum (WEF). Los aviones y automóviles son los principales emisores. 

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Foto: Sustainable & Social Tourism Summit

Menos del 1% de los aviones funciona con energía no tradicional

Oscar Rueda, director de turismo sostenible del Banco de Desarrollo de América Latina CAF, presentó unas gráficas, durante su intervención en el foro, para mostrar el reto: en 2009, el turismo representaba el 7.3% de las emisiones globales, esa cifra subió al 8% en 2013 y alcanzó el 8.8% hacia 2018.

Aunque hubo un desplome histórico en 2020 por el cierre de las fronteras debido a la pandemia de Covid-19, con un porcentaje de 4.5%, al retomarse los viajes internacionales las emisiones rebotaron rápidamente y en 2024 se encontraban en 7.3%. Los datos son de la Universidad de Queensland y exhiben el peso del turismo en las emisiones mundiales.

De continuar al ritmo actual, la contribución del turismo seguirá subiendo hasta llegar al 10% en 2030 e incluso llegar al 18% en 2044, de acuerdo con una lámina de proyecciones que presentó Rueda.

Y es precisamente, la lentitud en la adopción de nuevas tecnologías, como los biocombustibles para aviones, conocido como Sustainable aviation fuel (SAF), lo que agrava la tendencia.

“Menos del 1% son aviones que están impulsados por energía no tradicional”, dijo Oscar Rueda. “La meta es llegar al 90%. Ojalá podamos apoyarnos de los gobiernos, del sector privado”, añadió.

El combustible sostenible de aviación es producido a partir de materias primas no petroleras, como residuos de alimentos, biomasa leñosa o aceites vegetales, que reduce la contaminación atmosférica del transporte aéreo, pudiendo mezclarse en niveles de entre el 10% y el 50%, según la materia prima y su método de producción, de acuerdo con el centro de datos del Departamento de Energía de Estados Unidos.

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Foto: Sustainable & Social Tourism Summit

La huella de carbono y las medidas de mitigación

Cuando Jordi Tresserras, consultor de la UNESCO en cultura, economía creativa y turismo sostenible, midió su huella de carbono personal se enfrentó a una contradicción incómoda: él, que se dedica al fomento del turismo sostenible, se dio cuenta de que sus constantes traslados aéreos tenían un impacto ambiental medible. Para mitigar ese impacto, ahora se dedica a plantar árboles de manera frecuente, dijo en entrevista con CN Media.

Sin embargo, sabe que su esfuerzo personal no es suficiente. Por ello, plantea que empresas y gobiernos apuesten por los biocombustibles. “Y después, por otro lado, también la tendencia es modificar la gasolina por el coche eléctrico, que luego también tiene sus residuos con el tema de las baterías. Pero creo que se deben buscar sistemas de transporte más adaptados e intentar reducir el impacto”, comparte.

Además de la reforestación y la transición a los biocombustibles, Jordi menciona la importancia del fomento de la economía circular y el impulso de la inclusión y el turismo comunitario para el cumplimiento de las metas globales.

Para Jordi una de las premisas clave es que, aunque ser sostenible es más caro, es también más beneficioso a la larga. “Por respeto al medio ambiente, por la implicación con las comunidades donde estás, a la cultura local, a la economía circular. Realmente es una apuesta de futuro”, dice.

“Sobre todo si queremos mantener el turismo como una oportunidad de generación de empleo y emprendimiento para la gente”, añade.

Para este foro, los organizadores pidieron a los participantes, tanto ponentes como a los asistentes, calcular su huella de carbono para medir el impacto del evento, en el que participaron autoridades turísticas federales y estatales, empresarios, hoteleros, académicos, especialistas y asociaciones de turismo.

La reducción de emisiones no fue el único de los temas que formaron parte del encuentro, los ponentes también abordaron la importancia del impulso a los proyectos de la conservación, la restauración de ecosistemas, y el rescate y respeto al patrimonio biocultural, como parte de la sostenibilidad turística y las políticas públicas que deben adoptar los gobiernos.

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