Entre 2006 y 2015, las altas temperaturas causaron un promedio de 400 mil muertes anuales en el mundo. En el periodo de 2016 a 2023, ese promedio ascendió a 540 mil 800 fallecimientos por año, un incremento cercano al 36%. La situación se agravó en 2023, cuando las muertes asociadas al calor alcanzaron aproximadamente 710 mil, de las cuales 506 mil 600 fueron atribuibles al cambio climático provocado por las actividades humanas.
Los datos forman parte del informe 2026 de The Lancet Countdown on Health and Climate Change, elaborado por 146 investigadores de más de 100 instituciones en más de 30 países, bajo el liderazgo de University College London y en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS). La evaluación analiza 54 indicadores sobre los efectos del calentamiento global en la salud y los resultados sanitarios de las medidas climáticas.
El estudio compara los indicadores de la década posterior a la entrada en vigor del Acuerdo de París, entre 2016 y 2025, con los del periodo 2006-2015. Sus resultados muestran que varios riesgos sanitarios asociados al cambio climático crecieron con mayor rapidez durante la última década analizada. En el caso de la mortalidad relacionada con el calor, la proporción atribuible al cambio climático pasó de 55% a 68% entre ambos periodos de referencia.
La exposición prolongada a temperaturas elevadas aumenta el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor y de fallecimiento, especialmente entre personas mayores de 65 años, bebés y quienes viven con enfermedades preexistentes. También limita la actividad física, reduce la capacidad para realizar trabajos al aire libre y eleva las necesidades de atención médica. El informe incorpora estos efectos en una evaluación que vincula las condiciones ambientales con la salud, los medios de vida y los costos económicos.
La investigadora Marina Romanello, directora ejecutiva de The Lancet Countdown en University College London, señaló en la presentación del informe que los daños sanitarios del cambio climático avanzan con mayor rapidez que las respuestas adoptadas para contenerlos. El equipo investigador solicita que la crisis climática sea reconocida formalmente como una emergencia mundial de salud pública y que la protección sanitaria ocupe un lugar central en las decisiones sobre emisiones, adaptación y financiamiento.
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América Latina: los riesgos climáticos también afectan la salud
En América Latina, los efectos sanitarios del cambio climático abarcan la exposición al calor, la contaminación atmosférica, la disponibilidad de agua y los riesgos asociados con fenómenos meteorológicos extremos. El informe mundial de The Lancet Countdown registra un aumento de 33% en la tasa de mortalidad asociada a partículas finas PM₂.₅ procedentes de incendios forestales en la región entre 2006-2015 y 2016-2025. A escala mundial, esa tasa disminuyó 7% durante los mismos periodos.
La contaminación generada por los incendios forestales constituye una vía adicional por la que las condiciones ambientales afectan a la población. Las partículas finas pueden penetrar en el sistema respiratorio y agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias. En territorios expuestos simultáneamente a temperaturas elevadas, sequías y temporadas de incendios, estos factores se incorporan a los riesgos que enfrentan los sistemas de salud.
La disponibilidad de agua constituye otra dimensión de esta relación. El informe identifica cambios importantes en el almacenamiento de agua terrestre y señala que las alteraciones en los patrones de humedad repercuten en la producción agrícola, la seguridad alimentaria y el saneamiento. Estas condiciones adquieren especial relevancia en América Latina, incluida la cuenca amazónica, donde el documento identifica territorios particularmente afectados por las variaciones extremas de precipitación.
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México: más días de calor y pérdidas económicas
En México, la población experimentó un promedio de 9.4 días de ola de calor al año entre 2016 y 2025, un incremento de 110% respecto al periodo 2006-2015. Entre los bebés y las personas mayores de 65 años, la exposición alcanzó aproximadamente nueve días anuales, alrededor de seis días adicionales respecto a la década anterior, lo que representa un aumento cercano al 200%.
Las cifras corresponden al indicador de exposición a olas de calor del informe y describen la frecuencia de estos episodios durante los periodos evaluados. La exposición prolongada a temperaturas elevadas incrementa el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor y de mortalidad, especialmente entre los grupos con mayor vulnerabilidad fisiológica.
El impacto también se refleja en la economía. Entre 2021 y 2025, el valor monetizado anual de la mortalidad relacionada con el calor entre las personas mayores de 65 años en México se estimó en aproximadamente 5 mil 600 millones de dólares. La cifra equivale a cerca de 319 mil ingresos anuales promedio y representa un aumento de 390% frente al periodo 2000-2004.
La exposición al calor también redujo la capacidad laboral. Entre 2016 y 2025, México perdió un promedio anual de 2 mil 900 millones de horas potenciales de trabajo por esta causa, 71% más que el promedio anual de la década de 1990. La agricultura concentró 44% de esas horas perdidas. En 2025, la reducción de la capacidad laboral asociada al calor se tradujo en pérdidas potenciales de ingresos estimadas en 9 mil 200 millones de dólares, de las cuales 32% correspondió a la agricultura.
El informe precisa que el incremento del total de horas laborales perdidas responde principalmente al crecimiento de la población trabajadora expuesta. Las horas potenciales perdidas por trabajador pasaron de 52.6 anuales en la década de 1990 a 52.8 durante 2016-2025, un aumento de 0.5%. Esta distinción permite dimensionar el efecto conjunto de la exposición térmica y el número de personas que trabajan bajo esas condiciones.

Sequía, incendios y riesgos sanitarios en las costas
La exposición al calor ocurre en un contexto de expansión de la sequía extrema. Entre 2021 y 2025, un promedio de 65% del territorio mexicano registró al menos un mes de sequía extrema cada año. Durante el periodo 1981-1990, la proporción era de 12%. La comparación muestra un cambio sustancial en la extensión territorial afectada, con consecuencias potenciales para la disponibilidad de agua, la producción agrícola y los medios de vida.
La ficha nacional también documenta el aumento de la mortalidad asociada al humo de incendios forestales. Entre 2021 y 2025, este factor estuvo relacionado con un promedio estimado de 11 mil 100 muertes anuales en México, 48% más que entre 2003 y 2012. Durante el periodo más reciente, la población experimentó además un promedio de 84 días al año con peligro muy alto o extremadamente alto de incendios forestales.
En las zonas costeras, el calentamiento modifica las condiciones ambientales para la transmisión de bacterias del género Vibrio, capaces de provocar infecciones gastrointestinales y de heridas. En 2025, alrededor de 775 kilómetros del litoral mexicano presentaron condiciones ambientales adecuadas para su transmisión, un incremento de 711% respecto a 1982-1991.
El informe estima que los casos anuales de vibriosis (infección bacteriana causada por microorganismos del género Vibrio que habitan de forma natural en aguas costeras, saladas o salobres) promediaron aproximadamente 4 mil 200 entre 2016 y 2025, un aumento de 1,168% frente al periodo de referencia 1982-1991.
Estos indicadores describen vías por las que el cambio climático puede afectar la salud en México: el estrés térmico, la contaminación del aire, la escasez de agua y la expansión de condiciones favorables para determinadas infecciones. Su seguimiento permite relacionar los cambios ambientales con riesgos sanitarios y pérdidas económicas cuantificables.
La respuesta climática como política de salud pública
El informe estima que la reducción de las muertes atribuibles a la contaminación del aire por partículas finas (PM₂.₅) procedentes de combustibles fósiles evitó alrededor de 323 mil fallecimientos anuales en 75 países durante el periodo analizado. La disminución de estas muertes son evidencias el efecto sanitario de reducir la contaminación atmosférica. En 2025, la inversión mundial en energías limpias alcanzó 2.1 billones de dólares, un monto 82% superior al destinado a combustibles fósiles.
La evaluación señala que los combustibles fósiles todavía suministran más de 80% de la energía mundial. Al mismo tiempo, las emisiones del sistema energético alcanzaron un máximo histórico en 2023, de acuerdo con los indicadores del reporte. Estos datos, invitan a relacionar la reducción de emisiones y la protección de la salud dentro de una misma agenda de política pública.
Para México, los resultados invitan a pensar en áreas de oportunidad concretas de intervención: reducir la exposición de los grupos vulnerables a las olas de calor, proteger a las personas que trabajan al aire libre, fortalecer la vigilancia de enfermedades asociadas con las condiciones ambientales y atender los riesgos vinculados con la sequía y los incendios forestales.
La décima edición de The Lancet Countdown plantea que el cambio climático debe reconocerse y atenderse como una emergencia mundial de salud pública. Su evaluación permite visualizar indicadores para incorporar los efectos sanitarios en las decisiones sobre energía, infraestructura, adaptación climática y asignación de recursos.
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