Un festín para las abejas: el corredor verde que una comunidad creó en el Lago de Guadalupe

De basurero a santuario botánico. El proyecto transformó un tiradero de basura a orillas de la presa Lago de Guadalupe, en Cuautitlán Izcalli, en un Corredor de Polinizadores, al que llegan murciélagos y donde han nacido mariposas monarcas.
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Ilustración: Jesús Santamaría / Fotografía: Elizabeth Díaz Molina / Ruido en la Red

Empezaron recogiendo la basura del lago, plantaron árboles y arbustos de lavanda, lantana y mirto, y terminaron convirtiendo un rincón a la orilla de la presa Lago de Guadalupe, en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, en un  santuario botánico de 530 metros lineales con viveros, huerto y jardines, donde abejas, mariposas, murciélagos y colibríes van a alimentarse.

Cada fin de semana, una diseñadora, un mercadólogo, una estudiante de secundaria y un jubilado se reúnen con otros jóvenes, vecinos y voluntarios para dar mantenimiento al Corredor de Polinizadores, con sus jardines botánico y sensorial, de hechura ciudadana, e intentar restaurar el cuerpo de agua.

El lago padece el ingreso continuo de bacterias coliformes y metales pesados industriales. El 97 por ciento de la contaminación proviene de las descargas de aguas residuales de los municipios de Nicolás Romero, Atizapán de Zaragoza y Cuautitlán Izcalli.

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Imagen de dron en el Lago de Guadalupe. Foto: Elizabeth Díaz Molina / Ruido en la Red

Es un domingo de finales de octubre de 2026, en una parte del lago se observa una enorme mancha verde, como una nata, que lo invade. Es lirio acuático. Mientras la plaga avanza en el lago, con escobas, picos, palas y tijeras, los voluntarios luchan por mantener las áreas verdes. Se enfocan en los alrededores de la pequeña biblioteca, que parece salida de un cuento, que construyeron en el Corredor, de apenas el 3.03 por ciento del perímetro total del lago de 17 kilómetros.

Empiezan a limpiar el estanque, con cuidado porque está lleno de peces. También podan el área para que la yerba no invada a las plantas polinizadoras. Es una rutina voluntaria, sin remuneración, sin apoyo gubernamental, que une a esta comunidad alrededor del lago.

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El estanque está lleno de peces. Foto: Elizabeth Díaz Molina / Ruido en la Red

Miriam Millán, es diseñadora gráfica y ambientalista. Participa en el Corredor de Polinizadores desde finales de 2023. “Me encantó y ya no me sacaron de acá. He sido voluntaria estable durante tres años, y me involucré mucho en el proyecto”. 

En su camiseta se lee: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía plantaría un árbol”. La frase resume lo que hacen aquí, reverdecer el paisaje. 

En este lugar lleno de flores que producen néctar y polen, las abejas no tienen que batallar para buscar alimento. Van de flor en flor. Se cuentan por decenas y decenas. Unas más redonditas que otras, abejas y abejorros se detienen en los botones de las flores hasta saciarse.

Aunque no viven dentro del agua, las abejas, mariposas, murciélagos y colibríes son fundamentales para mantener el equilibrio ecológico de un lago. Su labor de polinización conecta directamente a la tierra con el cuerpo de agua. Polinizan las plantas y flores que crecen en las orillas, que a su vez estabilizan el suelo con sus raíces y evitan la erosión hacia el agua.

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Abeja en el jardín de polinizadores. Foto: Elizabeth Díaz Molina / Ruido en la Red

Las abejas también son indispensables para la alimentación de la humanidad, su labor polinizadoras permite a las plantas producir los frutos y semillas que consumimos. Así se completa la cadena. Abejas, mariposas, murciélagos y colibríes son los encargados de la polinización. De cierta forma, este Corredor de Polinizadores les devuelve el favor.

Aquí encuentran alimento sin los obstáculos que imponen el cambio climático, la pérdida de hábitat y los pesticidas agrícolas. 

“Nuestra labor tiene como objetivo restaurar el espacio, porque como saben era un basurero total, era algo horrible”, dice Miriam.

De basurero a corredor polinizador

Elizabeth García llegó en 2018 a vivir enfrente del Lago de Guadalupe y se encontró con un gran basurero. Pese a que se trata de un Área Natural Protegida desde 2004, flotaba basura en el lago y el olor de las aguas negras era penetrante. “Era mucha la basura que existía en todo lo que ahora es el corredor, que por supuesto antes no era nada parecido”, dice Elizabeth.

En la pandemia de Covid-19 comenzó a ver desde su ventana a un grupo de personas haciendo labores de limpieza alrededor de la presa, considerada una reserva ecológica, que forma parte de la cuenca del río Moctezuma, y a la que llegan las descargas de aguas residuales de tres municipios mexiquenses: Nicolás Romero, Atizapán de Zaragoza y Cuautitlán Izcalli.

Quien sembró la idea fue el doctor en ciencias ambientales Germán Lucciolino. Él comenzó con el proyecto de restauración ecológica en el Lago de Guadalupe al que al poco tiempo se sumó Elizabeth. “Me integré a plantar, a hacer hoyitos, que la verdad es muy cansado y es mucho trabajo”, cuenta.

Al poco tiempo se sumó Miriam, quien poco a poco pasó de voluntaria a facilitadora, lo que quiere decir que es quien hace "que las cosas sucedan", como que cada vez más jóvenes se unan a este trabajo comunitario.

Aunque Germán ya no está en el proyecto, dejó una mesa de consejo a cargo. El proyecto se mantiene a través de donativos económicos y en especie como plantas, herramientas e incluso trabajo voluntario. “Mi chamba acá es justamente hacer un trabajo comunitario, facilitar que toda la gente pueda unirse al proyecto, es un proyecto social 100 por ciento”.

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Miriam es facilitadora en el Corredor de Polinizadores. Foto: Elizabeth Díaz Molina / Ruido en la Red

Tres generaciones por el ecosistema del lago

Francisco Garduño Sevilla es jubilado y se dedica a la jardinería, Ángel Córdoba es un joven mercadólogo y publicista, y Yolot Sánchez Jiménez una adolescente de 13 años, todos ellos tienen en común ser voluntarios en el Corredor de Polinizadores.

Este domingo 25 de octubre, un día nublado, pero sin lluvia, Francisco chapea el terreno con machete en mano y tijeras; Ángel se dedica a colocar las trancas de madera que delimitan el camino para que caballos y corredores no pisen las plantas polinizadores del jardín y Yolot ayuda con la limpieza del estanque.

Garduño llegó al proyecto porque es vecino del Lago de Guadalupe y su esposa lo invitó a conocer el lugar. “Y de ahí ya no me separo del grupo. Trabajo entre semana, los días que puedo”, cuenta.

“Hemos sembrado muchos árboles, muchos, y afortunadamente ya estamos viendo algunos resultados, ya hay árboles de tres años, de cuatro años, ya con una altura de tres metros más o menos aproximadamente”, dice Francisco.

Para este hombre que porta una gorra color rojo con una abejita, emblema del colectivo, todo esto es para beneficio de los más jóvenes. “Es para el futuro, ni para mis hijos, a lo mejor mis nietos pueden ver algo de esto que estamos haciendo y de los nietos de los hijos de mis compañeritos”.

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Francisco Garduño es jardinero en el Corredor. Foto: Elizabeth Díaz Molina / Ruido en la Red

El futuro es precisamente la preocupación de Yolot, quien acaba de pasar a tercer grado de secundaria y participa en proyectos ambientales desde los 8 años porque su papá, un gran ejemplo para ella, la ha contagiado e impulsado. “Me empezó a explicar temas como la falta de agua, la falta de recursos, el calentamiento global”, recuerda Yolot, cuyo nombre proviene del náhuatl y significa corazón.

“Después de enterarme, por ejemplo, de problemas grandes como el deshielo de los polos o la bancarrota hídrica que ahorita estamos sufriendo o la probable guerra de agua en uno o dos años, siento que es un tema que sí o sí le tendría que importar a la gran parte de la sociedad, porque si todos hiciéramos algo, el mundo mejoraría bastante”, dice preocupada.

La conciencia ambiental de Yolot la comparte con esta comunidad en la que participan distintas generaciones. Por ejemplo, Ángel, el mercadólogo, quien maneja las redes sociales del colectivo, es un apasionado del medio ambiente y está aquí desde hace como tres años. Primero venía una vez al mes y ahora cada semana. En ocasiones, su labor es coordinar a los voluntarios para hacer reforestación y siembra. 

¿Por qué lo hace? Es una pregunta de respuesta sencilla. “Creo que cuando las personas conocen un espacio tan bonito, natural y tan cerca, creo que es imposible que no les nazcan las ganas de cuidarlo, o sea, decir, ‘esto tan bello, yo puedo contribuir para cuidarlo’”, dice. 

Y es que cuidar un corredor de esta magnitud no es sencillo. “Ahorita es temporada de lluvia, pero cuando no, hay que estarles echando agua a los árboles. Hay que podar una parte del árbol justo para que siga creciendo en copa. Hay que levantar trancas que se caen todo el día, todos los días. Hay que podar, hay que reforestar cuando es temporada”, enumera.

El trabajo es pesado, pero vale la pena. La meta, cuenta Francisco, “era muy ambiciosa”, eran 7 kilómetros de corredor, apenas llevan 530 metros, pero no quitan el dedo del renglón. “No podemos hacer más porque no tenemos manos. Necesitamos manos para que nos ayuden, para seguir conservando”.

Por ello, Ángel hace una invitación a la ciudadanía. “Nosotros te vamos a enseñar un chingo de cosas que te pueden ayudar para hacer su jardín en tu casa, para hacer tu huerto, para aportar aquí y creo que siempre hacer actividades que estén como conectadas con la naturaleza, dan mucha paz. Es como una terapia ocupacional, es super terapéutico este lugar”.

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Labores de limpieza en el Corredor de Polinizadores. Foto: Elizabeth Díaz Molina / Ruido en la Red

Los patos vuelven y nace una mariposa monarca

El pato mexicano ha regresado. También hubo nacimientos de mariposas monarcas. Las gaviotas ya están de vuelta. Han visto murciélagos que salen de su cueva y vienen a comer. 

“Han regresado muchas especies que ya no estaban viniendo al lago. La calidad del agua es muy mala y no es un hogar digno para todas las especies”, cuenta Miri.

El lago alberga, desde tiempos pasados, a diversas especies de aves provenientes de Canadá y Estados Unidos, tales como patos (Anas diazí) y garzas (Árdea spp), de acuerdo con Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía en el reporte Análisis espectral del Lago de Guadalupe, mediante imágenes de satélite y datos in situ de Raúl Aguirre Gómez.

“La presa Lago de Guadalupe es un Área Natural Protegida, eso llama mucho la atención, pero el lago siempre ha tenido una problemática de que tiene descargas de aguas residuales de diferentes municipios”. Mientras Miri narra de fondo se ve el lirio acuático, que debido a las descarga de aguas residuales de las áreas urbanas se ha detonado su crecimiento.

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Cortesía: Corredor Polinizadores

Un proyecto contradictorio que no contempló a la comunidad

Frente a esta situación, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) anunció una inversión de más de cinco mil 500 millones de pesos para construir una planta potabilizadora capaz de procesar hasta tres mil litros de agua por segundo.

Sin embargo, colectivos ambientales y vecinos han hecho protestas para señalar que extraer agua sin sanear la presa acelerará el deterioro del Área Natural Protegida y temen que el agua sea para beneficio de otras zonas del Valle de México en lugar de abastecer a la comunidad local.

De hecho, de acuerdo con la Manifestación de Impacto Ambiental Regional (MIA-R), número 15EM2025H0258, del proyecto Aprovechamiento de la presa Lago de Guadalupe como fuente de agua potable para la Zona Metropolitana del Valle de México, la Conagua confirma que el objetivo no es únicamente el abasto local, sino llevar el agua tratada hacia alcaldías de la Ciudad de México, validando los temores ciudadanos. Para ello, contempla una cortina derivadora de 2.25 metros de altura en la presa, un acueducto de 4.4 kilómetros, una potabilizadora a 4.3 kilómetros y una línea de conducción de 9.7 kilómetros y 60 pulgadas de diámetro.

La Conagua promete que se realizarán tareas de limpieza en la presa de manera periódica y la implementación de dragados, acompañados del desazolve continuo para retirar la acumulación de sedimentos y basura. Aunque al evaluar los impactos sobre la biodiversidad, la MIA-R también afirma que la obra no afectará la flora ni la fauna acuática porque la captación se limitará a la obra de toma al pie de la cortina "sin tener que realizar actividades sobre el lago". 

La SEMARNAT resolvió autorizar el proyecto, pero de manera condicionada, fijando un plazo de cinco años para la preparación y construcción, y 50 años para la etapa de operación y mantenimiento. La autoridad ambiental impuso un candado financiero a la Conagua, ya que determinó que no podrá mover una sola piedra ni iniciar obras hasta que adquiera y entregue una póliza de seguro o garantía ambiental debidamente validada.

Esta fianza exige un respaldo económico que garantice el cumplimiento de los programas de rescate, reubicación y compensación ecológica debido a la presencia registrada de especies de flora y fauna clasificadas en categoría de riesgo bajo la norma NOM-059-SEMARNAT-2010.

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Lago de Guadalupe. Foto: Elizabeth Díaz Molina / Ruido en la Red

El futuro del Corredor

Miri y su grupo ponen atención a lo que pueda ocurrir con el Lago de Guadalupe. Dice que están dispuestos a tener un diálogo con las autoridades por el bien del espacio y aclara que sus actividades en el lugar están alineadas al plan de manejo del Área Natural Protegida.

“Se convirtió en un espacio restaurado, yo diría al 100% y eso obviamente benefició a los vecinos, benefició a toda la gente que ubica esta parte del Lago de Guadalupe, porque esto es una pequeñita parte, son como 17 kilómetros alrededor de todo el lago, y nosotros hicimos nuestro granito de arena”, comenta.

“Sobre todo yo creo que impactamos ambientalmente y este socialmente también porque esto después de ser un basurero ahora es una zona para que la gente venga, la disfrute y la cuide”, remata Elizabeth.

Ahora, Elizabeth puede traer a su nieto a jugar aquí. “Esto creo que es invaluable y ojalá que mucha gente se integre y también que venga a disfrutarlo, no nada más a trabajarlo, ¿no? También a disfrutarlo”, finaliza.

Este colectivo le está regresando a los polinizadores un poco de lo que otros seres humanos les han quitado.

Este trabajo es una colaboración entre CN Media y Ruido en la Red

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