Desde microfibras sintéticas como el poliéster, residuos plásticos, pilas, aceites hasta heces de perros e incluso restos humanos son parte de los residuos que Ahjaima ha encontrado en ríos del Estado de México y en la red de drenaje que conecta a la entidad mexiquense con la Ciudad de México.
Ahjaima es bióloga, egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Lleva más de 15 años investigando la contaminación en el municipio mexiquense de Ecatepec y en el oriente de la capital mexicana.
La mezcla de residuos forma lixiviados, explica, un líquido tóxico que se genera cuando el agua atraviesa desechos y arrastra sustancias químicas, materia orgánica, metales y bacterias. “Son altamente tóxicos, se filtran al subsuelo y a los ríos subterráneos”, señala.
El drenaje profundo de la Ciudad de México conduce parte de las aguas residuales de la Zona Metropolitana del Valle de México hacia Hidalgo, donde se incorporan al río Tula y continúan por los ríos Moctezuma y Pánuco hasta desembocar en el Golfo de México. Sin embargo, esta cuenca quedó fuera de la meta 30x30, que busca proteger al menos 30% de las superficies terrestres y marinas para 2030.
En 2024 las plantas de tratamiento procesaron un promedio de 31,716 litros de aguas residuales por segundo, de los cuales 19,029 provinieron de la CDMX. Este caudal equivale a 1.64 millones de metros cúbicos al día, suficiente para llenar unas 658 veces una alberca olímpica como la Francisco Márquez. Esas aguas siguen su recorrido por el río El Salto, en el límite entre el Estado de México e Hidalgo, donde los escurrimientos del Valle de México dan origen al río Tula.
Las plantas de tratamiento eliminan gran parte de la materia orgánica, aunque no remueven por completo metales pesados, microplásticos y otras sustancias químicas. Un estudio publicado en 2019, titulado Medición de drogas ilícitas en aguas residuales: estudio piloto en México, identificó metabolitos de cocaína, marihuana y otras drogas, entre ellos benzoilecgonina, THC-COOH y metanfetamina.
En 2023, una investigación encabezada por Juan C. Durán-Álvarez analizó durante 30 meses las aguas residuales de la Ciudad de México y el Valle del Mezquital, Hidalgo. El estudio identificó residuos de fármacos como famotidina, indometacina, dexametasona, azitromicina e ivermectina.
En el Valle del Mezquital otra investigación, publicada en 2018, analizó 218 contaminantes orgánicos en aguas residuales, manantiales y aguas subterráneas. Los resultados registraron 65 de los 118 compuestos farmacéuticos evaluados, tres de siete hormonas reproductivas analizadas y benzoilecgonina, un metabolito de la cocaína.
Mientras tanto, Ahjaima recoge al menos cinco tipos de plástico durante jornadas de ocho horas e inspecciona barrancas de hasta 20 metros de altura cubiertas de residuos. En ese trabajo ha aprendido a distinguir siete tipos de plásticos domésticos y a reconocer las microfibras sintéticas que llegan al drenaje.
“Casi ya todo es poliéster, una lavada y se te va no sé cuántos gramos de microplástico”, explica sobre las fibras que desprenden las prendas sintéticas durante el lavado.
Si bien los análisis químicos de estos caudales requieren recursos especializados, Ahjaima describe lo que observa en el agua: “Es evidente que eso va pues completamente podrido e intoxicado de todos los colores y sabores”.

Cuando el Valle de México no tenía salida al mar
En la época prehispánica, los lagos de Texcoco, México, Xochimilco, Chalco, Xaltocan y Zumpango estaban conectados por canales que permitían el tránsito de canoas entre chinampas y ciudades. Tras las inundaciones que afectaron México-Tenochtitlan, Moctezuma I encargó a Nezahualcóyotl la construcción de un dique en Texcoco en 1449.
Después de la conquista, las inundaciones impulsaron la construcción de una salida artificial para la cuenca. En 1607, Enrico Martínez inició el desagüe hacia Huehuetoca mediante el socavón de Nochistongo. A finales del siglo XIX se construyó el Gran Canal del Desagüe, de 47.5 kilómetros, que conducía el agua desde San Lázaro hasta Zumpango y el túnel de Tequixquiac, con salida hacia el río Tula. Porfirio Díaz inauguró la obra el 17 de marzo de 1900.
Durante el siglo XX, el Segundo Túnel de Tequixquiac, el Sistema de Drenaje Profundo y el Túnel Emisor Central, así como el Túnel Emisor Oriente, ampliaron la capacidad para desalojar las aguas del Valle de México hacia la cuenca del río Tula.
Para las comunidades cercanas al río, el agua residual se incorporó al paisaje y a la vida cotidiana. René Romero Rivera, quien creció cerca del río Tula y del canal Viejo Requena, en Hidalgo, recuerda que sus espacios de juego eran las parcelas regadas con aguas negras.
“Estaba el agua ahí, pero no podías interactuar con ella”, recuerda. En su casa le advertían que podía hacerle daño y le pedían que no se acercara. Si alguien caía en una zanja de aguas negras, explica, podía sufrir problemas en la piel.
“Parte del paisaje normal, entre comillas, que a mí me tocó, pues fue el río de aguas negras y un canal de aguas negras, que es el canal Viejo Requena”, cuenta.

500 kilómetros de recorrido hasta el río Pánuco
“Estamos parados en la desembocadura del majestuoso río Pánuco, uno de los más caudalosos de México. Se observa cómo llega al mar e impacta en el Golfo. Este río se origina en las partes altas de la Ciudad de México”, explica José Jaime Salinas Carús, biólogo dedicado a la educación ambiental y la conservación de fauna en Tamaulipas.
Desde el malecón de Tampico, donde una playa de más de 100 metros colinda con el río Pánuco, Salinas Carús explica el recorrido del agua. “Esa agua cae a Tula, Hidalgo, donde se aprovecha para la agricultura y hortalizas. Luego baja por los ríos Moctezuma, Tancochín y otros hasta confluir en el río Pánuco. Desde la bocana a la Ciudad de México hay 500 kilómetros de recorrido”.
Para interpretar la relación entre la contaminación en la cuenca y el mar, Melanie Kolb, investigadora del Instituto de Geografía de la UNAM, especializada en gobernanza ambiental y manejo del agua, explica que “el río Pánuco representa un caso extremo de concentraciones y mezclas de contaminantes”.
En marzo de 2021, una muestra tomada en las escolleras de playa Miramar, en Ciudad Madero, registró 295 NMP (Número Más Probable) de coliformes fecales. El mapa estatal de riesgos sanitarios atribuyó el resultado al arrastre de agua contaminada del río Pánuco hacia el mar durante la temporada de lluvias.
La contaminación también está documentada en las zonas agrícolas del Valle del Mezquital. Un estudio publicado en 2017 en la revista Water Research comparó comunidades expuestas al riego con aguas residuales con otras que utilizaban agua de pozo. Entre los menores de cinco años, la prevalencia de diarrea durante la semana anterior a la encuesta fue de 10% en las comunidades expuestas y 5% en las no expuestas. La investigación, titulada Health risks from exposure to untreated wastewater used for irrigation in the Mezquital Valley, Mexico: A 25-year update, examinó los riesgos sanitarios asociados con esta exposición.

La desembocadura del Pánuco
A unos ocho kilómetros de la desembocadura se encuentra la Laguna del Carpintero, en la zona urbana de Tampico. Ahí, un cocodrilo atrapa un pez muerto junto a una descarga.
La laguna ocupa 157 hectáreas, de las cuales 77 corresponden al cuerpo de agua. El resto comprende terrenos con instalaciones deportivas, espacios recreativos y recintos culturales. En sus orillas, las iguanas se mueven entre la vegetación. El manglar ocupa parte de ese perímetro y ha perdido superficie durante las últimas dos décadas.
“Al estar perdiendo el manglar, estamos perdiendo esa barrera natural y estamos dejando que todos esos contaminantes lleguen directamente al mar”, explica Gustavo González Hempel, abogado que participa en su defensa desde 2007.
Debajo de nosotros señala dos puntos de descarga: “En esta parte tenemos una descarga de aguas negras. Más allá otra descarga donde se puede observar grasas y aceites”.

“La laguna se comunica con el río Pánuco mediante el Canal de la Cortadura, a unos ocho kilómetros del Golfo de México. El principal afluente de la Laguna del Carpintero es el río Pánuco, ya que se comunica a través del canal de la Cortadura, y con el intercambio de mareas y la corriente del río ingresa agua salobre y agua dulce al vaso de la laguna”, explica González Hempel.
El manglar cumple una función en ese intercambio de agua y en el hábitat de distintas especies. “Viene a ser un filtro de las aguas salobres y sus raíces son, coloquialmente podemos decir, una especie de guardería para la fauna y diversos organismos que ahí se están reproduciendo”, señala.

Se olvidan del Pánuco en la meta global
En diciembre de 2022, México adoptó la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal, que establece conservar para 2030 al menos 30% de las superficies terrestres, marino-costeras y de aguas continentales.
En octubre de 2025, la SEMARNAT reportó que 14.65% de la superficie terrestre y 23.78% de la marina del país contaban con alguna categoría de protección. Para alcanzar el 30% calculó que deberían incorporarse 30.8 millones de hectáreas terrestres y 19.6 millones de hectáreas marinas y costeras.
En la propuesta de Sitios Prioritarios para la Conservación de la Biodiversidad de la CONABIO se identificaron áreas terrestres, marinas y de aguas epicontinentales relevantes para la conservación, entre ellas el río Pánuco, explica Melanie Kolb.
El río tiene reconocimiento como sitio prioritario para la biodiversidad, aunque quedó fuera de las áreas de intervención de MEx30x30. En junio de 2024, la SEMARNAT y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) elaboraron el Estudio Técnico Justificativo para Declarar Zona de Restauración Ecológica el Área de Influencia de la Presa Endhó en Hidalgo.
El documento reúne diagnósticos sobre la calidad del agua y la presencia de metales pesados en suelos y cultivos. La zona propuesta comprende el área de influencia de la presa Endhó, pero deja fuera los ríos Moctezuma y Pánuco, que reciben las aguas provenientes del Valle de México.
Al solicitar información al IMTA sobre ambas cuencas mediante transparencia, su Coordinación de Calidad y Ecología del Agua respondió que no había realizado estudios sobre esos cuerpos de agua ni sobre los efectos de las descargas residuales en ellos.
Ante ese panorama, Melanie Kolb señala que “la información disponible, incluso si es imperfecta o deficiente, es más que suficiente para actuar de inmediato”.
Los permisos de descarga en el Pánuco
Las industrias cuentan con concesión de descarga vinculados con el corredor del río Pánuco. Los registros de la CONAGUA identifican 79 títulos con un volumen anual autorizado de 32 millones de metros cúbicos, equivalente a más de 12,000 albercas olímpicas.
Los permisos corresponden a 65 titulares distribuidos en Hidalgo, San Luis Potosí, Veracruz, Tamaulipas y Estado de México. La mayoría son de uso público urbano, pero también hay autorizaciones para actividades industriales y de servicios.
En Pueblo Viejo, Veracruz, la Refinería Francisco I. Madero, de PEMEX, concentra una autorización para descargar más de 10 millones de metros cúbicos anuales al río. Ese volumen representa casi una tercera parte del total autorizado en los registros analizados. El permiso está vigente hasta el 14 de diciembre de 2027.
Sobre el resto de los registros, que incluyen permisos en Tamaulipas, Estado de México e Hidalgo, se desconoce su ubicación exacta y tipo de usuario, pues la CONAGUA respondió que “no se tiene dicha información en los registros existentes”.

Las especies que desaparecen del Pánuco
En Tampico, los habitantes relacionan los cambios del río Pánuco con la disminución de especies en la región. José Jaime Salinas Carús, quien participa en actividades de protección de la tortuga lora y en investigaciones sobre cocodrilos en el estero Garrapatas, en Altamira, recuerda que Tampico significa “lugar de perros de agua”, en referencia a las nutrias, que, asegura, “ya raramente se ven”.
“Muchas especies nativas han desaparecido o se han desplazado. Los animales se han protegido yéndose a cuencas más limpias como la del Tamesí-Champayán”, explica.
En la cuenca baja del Pánuco confluyen humedales, manglares, marismas y lagunas, con ambientes de agua dulce y marina. En estos ecosistemas se han documentado al menos 85 especies, entre ellas ostiones, caracoles, camarones y langostinos. La región concentra actividades agrícolas, industriales, pesqueras, portuarias y de navegación.

La transformación también alcanzó la costa. Salinas Carús describe cambios en la acumulación y pérdida de arena asociados con las escolleras construidas durante el porfiriato. En el lado norte, la estructura ha favorecido que la playa gane terreno al mar, al modificar el transporte de sedimentos.
Luis Humberto Salinas Ramírez, músico y empresario, conoce las costas y lagunas de Tampico desde niño. Durante 14 años tuvo un negocio flotante en la Laguna del Carpintero y ubica las fuentes de contaminación que llegan a la zona.
“Viene contaminado de fosfato, de potasio, de los fertilizantes, de todas las vinazas que vienen de los ingenios [...] pero sí hay muchos metales pesados que van a dar al mar”, asegura.
Mientras habla, un niño recorre la laguna en una lancha junto a su padre y su abuelo.

Investigaciones sobre los sedimentos permiten documentar la presencia de contaminantes en la desembocadura y la costa de Tamaulipas. La tesis de Mayumy Amparo Cabrera Ramírez analizó 111 estaciones oceanográficas frente a Tamaulipas y Veracruz, y documentó el transporte de materiales del río Pánuco hacia la plataforma continental.
Un estudio publicado en 2018 examinó cuatro núcleos de sedimentos del fondo marino frente a Tamaulipas. En tres encontró concentraciones crecientes de vanadio, cromo, zinc, cobre, plomo, zirconio y bario hacia las capas superficiales. Los perfiles de bario registraron incrementos de entre 30 y 137% después de la apertura de instalaciones petroleras.
Los investigadores relacionaron estos cambios con el crecimiento de la actividad petrolera en el Golfo de México. En aguas profundas del Golfo, un estudio publicado en PNAS en 2026 analizó más de una década de registros de fauna y documentó una disminución de sus poblaciones después del derrame de Deepwater Horizon, ocurrido en 2010.
Entre 2011 y el periodo de muestreo de 2015 a 2023, la abundancia de peces disminuyó 63.5%; la de macrocrustáceos, 62%, y la de cefalópodos pequeños, 59.7%. Para el análisis, los investigadores examinaron más de 2,000 muestras y realizaron mediciones acústicas.
Además, en la costa de Tampico, otra investigación publicada en 2023 por Itzamna Z. Flores-Ocampo y John S. Armstrong-Altrin, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, analizó los microplásticos en sedimentos de playa. Los investigadores encontraron un promedio estimado de 13,392 partículas por kilogramo de sedimento. Todas eran fibras y el poliéster fue el polímero más abundante.
El estudio señala al río Pánuco como una vía de transporte de microplásticos desde el continente hasta el mar.

La solución empieza en la Ciudad
Melanie Kolb utiliza el enfoque ridge to reef para estudiar la conexión entre lo que ocurre tierra adentro y sus efectos en los ecosistemas costeros y marinos. La conclusión es que la contaminación llega al mar a través de los ríos y del arrastre de sedimentos.
Tanto la deforestación como la construcción remueven la cubierta vegetal y favorecen el transporte de partículas hacia los cauces. Las aguas residuales sin tratamiento incorporan fármacos, sustancias químicas y patógenos.
“Un problema generado en un sistema, como zonas urbanas, desarrollos industriales o actividades agropecuarias, se traslada a otro sistema, en este caso al río Pánuco y posteriormente a la zona costera y marina”, explica Kolb. A este traslado de impactos entre sistemas lo denomina impactos transistémicos.
Para restaurar los ríos, la investigadora señala que “la máxima fundamental en la restauración de ríos es dejar de contaminarlos en la fuente”. Al interrumpir las descargas contaminantes, explica, “el ecosistema inicia su recuperación progresiva”.
Kolb propone complementar los análisis químicos de laboratorio con monitoreo participativo y ciencia ciudadana. Mediante protocolos sencillos, las comunidades pueden evaluar las condiciones de sus ríos utilizando bioindicadores, como los insectos acuáticos.
“Muestreos sencillos con redes de cuchara, la presencia o ausencia de familias de insectos permite clasificar la calidad del agua en tres categorías básicas (buena, regular, mala)”, explica. “Los análisis químicos convencionales en laboratorio que realiza la CONAGUA son costosos e imposibles de desplegar a lo largo de todo el curso de un río”.
El gobierno mexicano asumió compromisos internacionales para reducir la contaminación que amenaza la biodiversidad y conservar las aguas continentales hacia 2030, Kolb señala que “México cuenta con los datos técnicos necesarios para ejecutar esta meta, pero la falta de personal, capacidad operativa y prioridad política dentro de organismos como la CONANP ha impedido traducir esta información en reservas y medidas de manejo efectivas”.
La Meta 7 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal establece reducir los riesgos de la contaminación a niveles que no perjudiquen la biodiversidad. La Meta 3 incluye la conservación de las aguas continentales. Para el río Pánuco, cumplir esos compromisos exige que la conservación considere también la calidad del agua que sale del Valle de México en la cuenca y que llega al Golfo de México.
Este reportaje fue producido con el apoyo de Earth Journalism Network de Internews.

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