Negras, cobrizas, las hebras se despiden de las cabezas de sus respectivas dueñas al compás de los tijeretazos. Caen por mechones sobre el piso de cerámica del salón de belleza y ahí forman retículos, pincelazos de duras células queratinizadas. Pero no es sobre esas baldosas imitación de madera que termina su historia: tienen otro destino, uno hecho de tierra, agua y bacterias voraces.
Y es que en este salón de belleza, el Believe Hair Salon, ubicado en la colonia Condesa de la Ciudad de México, los mechones cortados ya no se consideran un desecho, sino un recurso para proteger el agua y el suelo. “Ya no hay pretexto para no cuidar el medio ambiente o utilizar productos que sean testados en animales”, dice Eriban Rendón, cofundador de Believe Hair Salon.
Desde hace unos meses, la peluquería es parte del Club de Salones Cero Residuos, una iniciativa promovida por la organización Matter of Trust y enfocada en reciclar el pelo para regenerar ecosistemas. Rendón cuenta que una amiga le platicó del proyecto y que enseguida contactó a la organización. “Pensé que tenía que tener algo mucho más sofisticado, pero me dijeron que solo se necesitaba una caja —explica—. Entonces en ese momento hablé con los estilistas y les dije: ‘¿Saben qué? Vamos a separar el cabello de toda la basura’”.

Foto: Ginnette Riquelme Quezada
Fundada a finales de los años 90 en California, Matter of Trust llegó a México en 2024, donde ha adaptado sus soluciones low-tech de filtración de agua con cabello humano en dos de los pulmones verdes más importantes de la capital mexicana: los canales de Xochimilco y el Bosque de Chapultepec.
En la recolección de esta fibra natural, tan versátil como desaprovechada, las peluquerías cumplen un papel clave. Además de Believe Hair Salon, alrededor de 5,000 peluquerías de todo el mundo reciclan el cabello, dice Matter of Trust. Estos residuos se han reutilizado para fabricar herramientas ecológicas que ahora se producen y utilizan en 54 países a través de 134 centros locales.

Foto: Ginnette Riquelme Quezada
A la par del servicio de reciclaje de cabello —que ahora involucra a alrededor de 40 salones de Ciudad de México y la zona metropolitana—, Matter of Trust también organiza jornadas de voluntariado ecológico junto a empresas, universidades y vecinos.
En una de esas jornadas participó Rendón a finales de marzo, cuando se reunió en el Jardín Sensorial del Bosque de Chapultepec con varios estilistas y jóvenes scouts. Bajo la sombra de los encinos, fueron testigos de una pequeña magia: los mechones desechados renacían convertidos en herramientas para limpiar el agua.

Foto: Ginnette Riquelme Quezada
Trabajo en equipo
“El cabello tiene como unos conitos de helado y esas cavidades son las que absorben directamente los aceites. Entonces, ya viene biodiseñado para la absorción de aceites, no solamente naturales, sino que algunos contaminantes peligrosos y otros no tan peligrosos”, explica Soto Candia al grupo reunido una tarde de marzo bajo los encinos del Jardín Sensorial del Bosque de Chapultepec.
La tarea del día: aprender a fabricar dispositivos absorbentes, también conocidos como booms. Con las manos enfundadas en guantes vinílicos y las bocas cubiertas por mascarillas, los voluntarios empujan mechones de pelo reciclado en mallas violetas de las que se usan para empacar ajos hasta formar una suerte de chorizos peludos de 1,20 metros de largo y 1 kilogramo de peso.
Estos retenedores de grasas —que pueden capturar hidrocarburos, aceites, coliformes fecales y otros contaminantes— tienen un potencial significativo, ya que “cada kilogramo de cabello absorbe hasta cinco o seis veces su peso en contaminante”, dice Soto Candia.

Foto: Ginnette Riquelme Quezada
A principios de año, Soto Candia y Carenini empezaron a instalar los booms en el canal del Jardín Botánico, una zona afectada por el estancamiento del agua, la falta de desazolve y las descargas de los puestos de comida cercanos. Se trata de aguas grises que contienen aceites de cocina, aceite animal, metales pesados, además de sustancias químicas PFAS, presentes en sartenes antiadherentes y envoltorios de comida rápida. Después de dos meses, los dispositivos se trasladan a unos tambos llenos de bacterias donde pasan por un proceso de biorremediación. Durante otro ciclo de dos meses, esos organismos industriosos se nutren de los contaminantes hasta dejar limpios los booms.
Una vez descontaminadas las aguas grises, el cabello tiene un nuevo cometido: volverse mulch, o cobertura biológica, y ser esparcido con cuidado en la ribera del canal, en donde “agrega nutrientes, materia orgánica y, finalmente, mejora el suelo y el crecimiento de las plantas”, indica Carenini.
Gracias a su composición, rica en nitrógeno y azufre, esta fibra natural puede, de hecho, contribuir a la actividad enzimática y a la fotosíntesis de las plantas, además de reducir, según Matter of Trust, en un 71% la evaporación directa del suelo.
De esta manera, el cabello que se utiliza para limpiar el agua termina también nutriendo la tierra, cerrando un ciclo en el que cada elemento trabaja en equipo.

Foto: Ginnette Riquelme Quezada
Bosque de Chapultepec: conectar para cuidar el agua
Declarado como Área de Valor Ambiental en 2003, el Bosque de Chapultepec —que, con sus 869 hectáreas, es el parque urbano más grande de América Latina— no solo oxigena el aire de la Ciudad de México. Entre sus árboles y lagos conviven cientos de especies de plantas, insectos, animales y hongos, junto con los cerca de 24 millones de personas que lo visitan cada año.
Pero el agua también forma parte de la historia del Bosque. Su importancia biocultural se remonta a la época prehispánica, cuando los mexicas aprovechaban sus abundantes manantiales para llevar agua dulce a Tenochtitlan a través de acueductos. Desde entonces, sus cuerpos de agua han sido moldeados y domesticados según los ideales de modernidad urbana de cada época. En ese proceso, el agua ha ido perdiendo visibilidad como elemento vivo del ecosistema, hasta parecer más un ornamento diseñado para la ciudad que un sistema con vida propia.
Sin embargo, para que este tipo de soluciones tengan un mayor alcance, lo importante es entrelazarlas con otras ecotecnias, explica Alejandro Federico Alva Martínez, investigador del Departamento de Hidrobiología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). “Si le pones puro cabello son aspirinas: de que funciona, sí funciona, te quita el dolor de cabeza un poco, pero no te quita el problema”, indica el biólogo, quien participó en la construcción de humedales en el lago menor de Chapultepec.

Foto: Ginnette Riquelme Quezada
Un proyecto integral para el manejo del agua en el Bosque, dice, necesita de una cadena de soluciones que se complementan de forma lineal: biodigestores, filtros de cabello, humedales flotantes con plantas nativas y humedales sumergidos. La idea es que cada etapa haga su parte y prepare el agua para la siguiente.
Ese principio de interconexión no es solamente técnico. Para Juan Manuel Ledón, ingeniero industrial y coordinador general de la red de colaboración del Inventario Nacional de Calidad del Agua (INCA), cualquier solución en un territorio tan complejo como el Bosque de Chapultepec, debe partir también de quienes lo habitan. “Para pensar en soluciones definitivamente el aspecto clave es la participación y el involucramiento de la ciudadanía”, asegura.
Eso se puede construir, por ejemplo, a través de la cartografía participativa: mapas construidos con vecinos, organizaciones y otros actores locales para identificar no solo por dónde corre el agua o dónde están sus puntos críticos, sino también dónde se concentran los problemas y el malestar. “Básicamente qué se siente”, explica el también integrante de la Mesa del Agua de los Diálogos por Chapultepec, un espacio que reúne a autoridades, especialistas y sociedad civil para trabajar en proyectos enfocados en el bienestar del parque urbano.
“Hay una correlación muy clara: donde hay un dolor más profundo, normalmente hay también un amor más profundo por aquello que nos importa”, dice Ledón.
En Chapultepec, esa perspectiva se traduce en la Escuela del Agua, una propuesta que busca conectar personas y territorio y, a partir de ahí, construir procesos participativos.

Foto: Ginnette Riquelme Quezada
El río detrás de casa
“Atrás de mi casa, hay un río”, explica Abigail González cuando se le pregunta por qué el proyecto de Matter of Trust le ha llamado la atención. “Hace años la gente podía ir a bañarse. Ahora es un río de aguas negras”.
La joven, de 18 años y activa integrante del Grupo 191 de la Asociación de Scouts de México, cuenta que a ese cuerpo de agua algunos lo conocen como el río de Alameda, y que sus vecinos más ancianos recuerdan los tiempos en que todavía se podía echar un chapuzón en él.
“Está completamente contaminado desde inicio a fin, particularmente porque llegaron empresas que conectaron sus conductos para deshacerse del agua sucia”, dice sobre el arroyo, uno de los que confluyen en el Río Tlalnepantla, en el Estado de México, un curso fluvial de aproximadamente 60 kilómetros que, como muchos otros, ha pagado por la modernización del país al transformarse en un vertedero de desechos industriales y domésticos.

Foto: Ginnette Riquelme Quezada
Algún día, Abigail quisiera verlo limpio. Con eso en mente, ha participado junto con sus compañeras scouts en las actividades de Matter of Trust. Además de seguir todas las etapas de instalación de los booms en el canal del Jardín Botánico, también conoció su taller. Allí descubrió el funcionamiento de la máquina que Soto Candia y Carenini utilizan para prensar pelo, así como los procesos de separación manual de las fibras capilares que también se requieren para crear los distintos dispositivos.
Todo eso le resonó. En los 10 años que lleva participando en campamentos scouts, ha regresado una y otra vez a áreas naturales, observando de primera mano su proceso de degradación y contaminación.
“No solo depende del agua, sino de todos los ambientes que están alrededor de las personas que conviven con esos cuerpos de agua”, reflexiona. “Si bien no es fácil, es algo que se tiene que considerar a una gran escala y poco a poco, con estas iniciativas, podemos combatir ese proceso”.

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