Cincuenta millones de personas podrían enfrentar un aumento del hambre por los efectos de El Niño, advirtió Tom Fletcher, secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y coordinador del Socorro de Emergencia, durante una conferencia de prensa conjunta con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el 21 de octubre.
Fletcher señaló que el fenómeno podría agravar las necesidades humanitarias en regiones donde la población ya enfrenta conflictos armados, desplazamientos y aumentos en los precios de los alimentos, los combustibles y los fertilizantes.
Estas condiciones afectan los medios de subsistencia y dificultan la capacidad de las familias para cubrir sus necesidades básicas. Ante este panorama, la ONU llamó a los gobiernos, las instituciones financieras y los organismos de cooperación a destinar recursos para preparar a las comunidades antes de que ocurran las principales afectaciones.
La advertencia se basa en las nuevas perspectivas climáticas estacionales de la OMM, que prevén que las temperaturas en el Pacífico tropical, la región donde se desarrolla El Niño, se sitúen 3.8 grados Celsius por encima del promedio entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, explicó que este valor superaría los registros históricos de la organización.
Según las proyecciones, El Niño alcanzaría su punto máximo hacia finales de 2026 y sus efectos podrían prolongarse durante los meses siguientes.
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Sequías e inundaciones en distintas regiones
El Niño es un fenómeno climático natural asociado con el calentamiento periódico de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Su desarrollo modifica los patrones de circulación atmosférica y puede alterar las temperaturas y las precipitaciones en distintas partes del mundo.
El cambio climático de origen humano es un proceso distinto, impulsado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero. El calentamiento global modifica las condiciones de referencia del sistema climático y puede influir en la intensidad de determinados impactos meteorológicos.
Durante la conferencia, la OMM presentó sus pronósticos sobre El Niño y sus posibles efectos regionales, sin atribuir de manera específica todos los impactos previstos al cambio climático de origen humano. De acuerdo con las perspectivas de la OMM, algunas regiones de África oriental podrían registrar lluvias superiores al promedio durante la temporada de octubre a diciembre, con mayores riesgos de inundaciones.
En África austral, las condiciones más secas podrían afectar la producción agrícola, la disponibilidad de agua y los medios de subsistencia a partir de noviembre. En el sudeste asiático, las temperaturas más altas y la reducción de las precipitaciones podrían aumentar la exposición al calor y la presión sobre los sistemas agrícolas y el abastecimiento de agua.
La organización también prevé mayores precipitaciones en el noroeste de Estados Unidos y en algunas zonas de Sudamérica, mientras que partes de Centroamérica, el Caribe meridional y la Amazonía enfrentarían un mayor riesgo de sequía. Saulo precisó que estas proyecciones describen tendencias regionales y estacionales, por lo que los pronósticos nacionales y regionales serán necesarios para identificar las zonas donde se requieren medidas concretas.

La ONU destina recursos para la prevención
Fletcher informó que autorizó la liberación de más de 50 millones de dólares del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia de la ONU para apoyar a 11 países expuestos a los impactos de El Niño. Entre ellos mencionó a Chad, El Salvador, Etiopía, Somalia y Sudán del Sur.
Las medidas previstas incluyen entregar recursos económicos a las familias antes de que ocurran las afectaciones, ayudar a agricultores y ganaderos a proteger sus cultivos y animales, y trasladar suministros a zonas seguras antes de que las inundaciones interrumpan las vías de comunicación.
El funcionario señaló que las próximas dos semanas serían un periodo determinante para movilizar recursos. Somalia, Etiopía y Kenia necesitan asistencia antes de las lluvias intensas; África austral requiere semillas y apoyo para proteger su producción ganadera, mientras que Centroamérica necesita ayuda para sostener los medios de subsistencia.
La estrategia, denominada acción anticipatoria, busca utilizar los pronósticos para reducir las pérdidas humanas y económicas antes de que se materialicen los riesgos. Fletcher pidió a los gobiernos, los bancos de desarrollo y las instituciones financieras internacionales acelerar el financiamiento de estas medidas.
También convocó a la comunidad científica y al sector privado a colaborar mediante el intercambio de datos, pronósticos y conocimientos técnicos para fortalecer la preparación de los países. La OMM y OCHA sostuvieron que la información climática debe traducirse en decisiones oportunas para proteger a las poblaciones expuestas. La evolución del fenómeno y los pronósticos regionales permitirán precisar dónde se concentrarán los riesgos y qué medidas serán necesarias.
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