Megaproyectos de energía y la expansión turística acorralan Cozumel

Mientras la ampliación de una central de turbogás, un tendido eléctrico submarino y clubes de playa privados como el de Royal Caribbean cercan la isla, activistas y vecinos luchan contra la erosión, los derrames de aguas negras y un modelo turístico sin límites.
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Foto: Orsetta Bellani

Cuando el padre de Noemí Guadalupe Martín Cab era niño la playa llegaba hasta la 10ª avenida de San Miguel de Cozumel, Quintana Roo. Ahora, en ese lugar donde antes había pura arena están el malecón, el parque central, las taquillas que venden recorridos turísticos y las tiendas de souvenirs. A ese crecimiento se suman nuevos megaproyectos, desde la ampliación de una central de turbogás y un tendido eléctrico submarino que cruzará por el arrecife, hasta un club privado de playa de Royal Caribbean.

“En las últimas décadas los gobernantes no tuvieron visión, construyeron en la orilla y por esto la playa está tan erosionada. A pesar de que ya todo es puro concreto se siguen pidiendo permisos para construir hoteles en el litoral y me parece todavía más grave, porque ahora conocen perfectamente las consecuencias”, dice Noemí Guadalupe, presidenta de la asociación civil Conservación e Investigación y Manejo Ambiental de Cozumel (CIMAC).

Algo que preocupa mucho a esta asociación civil, a la par de otras organizaciones ambientalistas, es la posible construcción en la isla de una nueva central de turbogás, que podría impulsar posteriormente su cementificación.

“La central es un pretexto para seguir impulsando nuevas construcciones. No necesitamos más energía eléctrica, lo que necesitamos es que pongan límites al desarrollo turístico. ¡Basta de dar permisos para andar construyendo!”, dice la activista, que todo el mundo conoce como Lupita Martín.

En su Plan de Desarrollo 2016-2018, el mismo ayuntamiento de Cozumel reconoció el “crecimiento desmedido y desordenado” de la isla e incluso el gobierno estatal actual declaró que deseaba parar. “El Caribe mexicano aún puede crecer, pero de forma sostenible, apegado al medio ambiente”, afirmó la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, en entrevista con El País.

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Foto: Orsetta Bellani

Nuevos proyectos a pesar del déficit de energía

El 17 de abril de este año, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ingresó a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto de instalación de una central de turbogás de 25 MW, que elevaría a 78 MW la capacidad total de la central de Chankanaab, ya existente.

La inversión estimada para la construcción de esta planta es de más de 127 millones de pesos y quemaría 179 mil litros de diésel por día, contaminando irremediablemente el aire de este paraíso caribeño.

Sin embargo, de acuerdo con la MIA, las concentraciones permanecerían por debajo de los límites establecidos por la ley y no habrá ningún tipo de afectación al suelo o al acuífero, a pesar de que el mismo documento reconoce que el suelo kárstico de Cozumel es altamente permeable y vulnerable a la contaminación. El proyecto ha sido sometido a consulta pública y se encuentra ahora en fase de revisión por parte de Semarnat.

El objetivo de la ampliación de la planta es reforzar el suministro eléctrico de Cozumel durante los meses de mayor demanda por el calor.

“En Quintana Roo hay un gran déficit de energía, es decir que consumimos más de lo que la red puede proveernos. Esto se debe a varias razones: el crecimiento desmedido y poco controlado de las ciudades —Playa del Carmen, por ejemplo, cada cinco años duplica su tamaño—, la construcción de megaproyectos como el tren Maya, los nuevos aeropuertos; todo esto ha incrementado el consumo de electricidad”, dice Aarón Siller, director de la oficina sureste del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA).

“Aún con este gran déficit y a pesar de que la red ya no da abasto, se siguen autorizando grandes proyectos inmobiliarios, hoteleros, turísticos. Antes de estar promoviendo nuevas infraestructuras deberíamos de tener la capacidad de satisfacer las necesidades de Cozumel en cuanto a energía eléctrica, agua potable, tratamiento de aguas residuales”, afirma Siller.

El especialista de CEMDA recuerda también la existencia de otro proyecto de electrificación de la isla, que consiste en la instalación de un tendido eléctrico submarino de Playa del Carmen a Cozumel, con una distancia de unos 20 kilómetros. 

La gobernadora Mara Lezama declaró que se comenzará a construir el próximo 5 de octubre, con una inversión de 3 mil 600 millones de pesos, aunque a la comunidad de Playa del Carmen le preocupa que pueda afectar a los arrecifes, como se expone en la MIA. 

Para Lupita, sin embargo, el problema es otro. “Es cierto que en Cozumel hay apagones, pero me preocupa más que la planta de tratamiento de aguas residuales, San Miguelito, esté descompuesta y todos los días derrama heces al mar”, asegura.

“No más construcciones, no más desarrollos, no más hoteles. No requerimos una planta de energía eléctrica, requerimos una planta de tratamiento de aguas residuales que funcione bien”, dice.

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La activista Noemí Guadalupe Martín Cab. Foto: Orsetta Bellani

Olores fétidos en la laguna

En mayo de este año, la organización Sélvame Mx denunció que la planta de tratamiento de aguas residuales San Miguelito estaba derramando aguas negras a la laguna Ciega, en el norte de Cozumel, justo frente a la Isla de la Pasión.

“Después de escuchar comentarios de algunos pobladores fuimos a dar un recorrido en torno a la planta y había muchas burbujas, espumas, olores fétidos y un lodo residual característico de aguas mal tratadas. Tomamos varios muestreos para hacer análisis de calidad de agua y nos dimos cuenta de que estaba sumamente contaminada”, dice Guillermo D. Christy, presidente de Sélvame Mx. La organización difundió imágenes de un manchón blanco flotando entre los manglares y presentó una denuncia ante las autoridades.

Sélvame Mx señala además que, sólo en el primer trimestre de 2025, Cozumel recibió 241 millones de pesos para saneamiento ambiental, gracias a un impuesto que se cobra desde noviembre de 2020 a cada crucerista que llega a la isla.

“La pregunta es: ¿adónde va todo este dinero? Sabemos que una parte se utilizó para comprar equipos para la policía, que nada tiene que ver con el saneamiento ambiental”, afirma Guillermo D. Christy.

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Foto: Orsetta Bellani

La población está preocupada también por las consecuencias económicas de tanta contaminación. “Están aventando cacas al mar. Esto puede llegar a afectar también a nuestra economía porque Cozumel depende del arrecife y éste recibe heces todos los días, estamos matando a la gallina de los huevos de oro”, dice Lupita Martín.

Una lucha de todo Cozumel

De todas las movilizaciones que hubo en Cozumel en contra de la construcción de un cuarto muelle para cruceros, la más impactante fue la de mayo de 2025, según Lupita, cuando decenas de embarcaciones se juntaron cerca de Villablanca, el arrecife que hubiera sido impactado por la obra.

También se organizaron otras movilizaciones igual de creativas: marchas, caminatas y una protesta organizada por un grupo de buzos en el fondo del mar, donde se sacaron una foto mostrando unas pancartas que decían “No al Cuarto Muelle”.

En Cozumel ya existen tres terminales internacionales y según datos de Sectur en 2025 recibieron casi 1,300 cruceros, que trajeron un total de más de 4.7 millones de turistas en una isla donde viven unas 90 mil personas.

En diciembre de 2021, Semarnat aprobó la construcción de un cuarto muelle para cruceros, de 800 metros de largo, presentado por la empresa Muelles del Caribe de los Molina Casares, familia propietaria de decenas de empresas, muchas de ellas en el sector turístico.

La gente de Cozumel creó un movimiento masivo en contra de la obra cuando vio señales de que iba a arrancar su construcción y dimensionó el impacto que hubiera tenido en el arrecife.

Los inconformes no sólo organizaron protestas en las calles y en el mar, sino que acudieron a CEMDA para que impulsara una lucha legal. “Nuestra estrategia fue tanto administrativa como judicial: metimos un recurso de revisión ante Semarnat y un amparo ante los tribunales", dice Siller.

"Con el amparo conseguimos una suspensión de las obras, lo que dio suficiente tiempo para que Semarnat revisara el proyecto y tomara en consideración varios elementos que había omitido en la evaluación original. Mientras tanto, la comunidad hacía presión manifestándose”, explica Siller.

Entre las omisiones en las que Muelles del Caribe y Semarnat incurrieron en su primera evaluación está la falta de reconocimiento de la presencia del arrecife en el lugar donde se pretendía construir la obra. Finalmente, la gente de Cozumel logró que la dependencia federal reconociera la existencia del arrecife y las afectaciones que la construcción del muelle hubiera causado, anuló el permiso concedido y sometió el proyecto a una nueva evaluación de impacto ambiental. El proceso terminó en febrero de 2026, cuando Semarnat decidió negar la autorización a la obra.

“Muelles del Caribe hizo uso de sus recursos para oponerse a esta decisión y volvió a perder, pero sabemos que podría seguir peleando con otros medios, o presentar una nueva MIA. Nosotros seguimos monitoreando qué acciones legales realiza y defendiendo la causa de la comunidad”, dice Aarón Siller. 

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Foto: Orsetta Bellani

“El cozumeleño no puede ir al mar”

A unos 10 kilómetros al sur de los muelles para cruceros, la empresa Royal Caribbean quiere impulsar otro megaproyecto turístico que involucra a la familia Molina: un club de playa que podría recibir hasta 4 mil visitantes diarios, con una inversión estimada de 24 millones de dólares

Se edificaría sobre un club de playa llamado Playa Mia, que Royal Caribbean compró a la poderosa familia yucateca, y de otras dos propiedades contiguas. 

La MIA del proyecto reconoce que el club de playa podría tener hasta 15 impactos ambientales en el territorio y entre la población existe también otra preocupación: el proyecto impediría el acceso a Playa Mia, uno de las pocos arenales públicos en una isla cuya costa es una sucesión de clubes de playa con precios prohibitivos para los lugareños.

“El cozumeleño no puede ir al mar: entre clubes de playa, hoteles, condominios, todo está completamente construido. Para donde se quiera voltear el cozumeleño ve pura pared, casi no tenemos acceso al mar, a menos de que no paguemos la entrada”, denuncia Lupita Martín.

CIMAC y otras organizaciones ambientalistas han impulsado una petición en change.org en contra del megaproyecto, que ya juntó más de 96 mil firmas

El club de playa de Royal Caribbean ha sido objeto de consulta pública y se encuentra en fase de evaluación por parte de Semarnat, a la par de otros clubes de playa que otras empresas quieren construir en la isla, como el Lakam-Ha y el Cozumel Opportunity. Sin embargo, en su página oficial Royal Caribbean ya fijó la inauguración del proyecto para diciembre de este año.

“Ahora comprendo a mi papá”

Antes del turismo de masa, que llegó en los años 70, los isleños se dedicaban a la agricultura, a la pesca, al trueque y a la recepción de los marineros que viajaban en los buques que exportaban chicle cozumeleño a Europa. 

“Mi papá siempre decía que el turismo nos ayudaba y nos perjudicaba al mismo tiempo, porque cuando llegó dejamos de ser autosuficientes y empezamos a depender de todo lo externo, de las tiendas y después de los supermercados; a él le tocó ver ese cambio y le dolía mucho”, dice Lupita Martín. 

De su padre, Manuel Martín Chan, heredó el gusto de salir después del atardecer. “Me encanta bucear y me encanta hacerlo de noche. Ahora comprendo a mi papá, que era campesino y le gustaba andar en el monte”, dice la activista que disfruta bajar hasta el fondo del Mar Caribe, en una oscuridad poblada de mantarrayas, peces y tiburones, allá donde el silencio es tan profundo que por un rato se puede olvidar el ruido de los cruceros y de los clubes de playa.

Escrito por

Orsetta Bellani

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