Colectivos de mujeres de comunidades costeras participan en la restauración de manglares mediante la siembra de mangle rojo, la recuperación de canales, el monitoreo y la vigilancia de estos ecosistemas. Los trabajos buscan recuperar zonas degradadas y mantener la protección que los manglares brindan a comunidades expuestas a tormentas y al aumento del nivel del mar.
En El Dátil, Baja California Sur, el colectivo Mujeres Unidas del Dátil trabaja desde 2019 en la restauración del manglar de esta comunidad pesquera ubicada en la Laguna San Ignacio. Tannia Frausto, directora de Cambio Climático de Costa Salvaje, —una organización internacional de conservación que trabaja en México y Estados Unidos—, señaló que el grupo está integrado por 12 mujeres y ha sembrado alrededor de 171 mil semillas de mangle rojo.

“Al día de hoy ya hemos sembrado alrededor de 171 000 semillas de mangle rojo, que lo que esperamos es que crezcan estos mangles lo suficiente como para que con sus raíces y con toda la red de raíces entrelazadas, ayuden a retener la arena, la tierra lo suficiente como para que el nivel del mar no ponga en vulnerabilidad a toda la comunidad pesquera”.
La restauración de cada sitio comienza con un diagnóstico sobre las causas de su degradación. Frausto lo explicó así: “Primero tenemos que identificar el sitio, tenemos que identificar las causas por las que se degradó el sitio. A esto le llamamos ecología forense”.
En La Paz, Baja California Sur, Guardianas del Conchalito participa en la recuperación del manglar urbano de El Conchalito. El proceso incluye acciones de protección comunitaria, restauración hidrológica y reforestación. De acuerdo con la experiencia presentada, la organización también impulsó actividades productivas vinculadas con el ecoturismo y la acuacultura sustentable.
El trabajo alcanzó a las nuevas generaciones mediante el colectivo Mangles del Manglito. “Ahora sus hijos hicieron un nuevo colectivo que se llama Mangles del Manglito con los que también colaboramos, que también están restaurando manglar”.
La participación de mujeres en la restauración también se ha replicado en otras comunidades. Paula Tussie Berdichevsky, directora de Estrategia Global de Costa Salvaje, mencionó otras experiencias en la península de Yucatán y Oaxaca. Además de Colombia. “Tenemos también a las Chelemeras en Chelem, en la península de Yucatán y a las Piangueras en Colombia. Está el grupo Young de Balandra, que también las que van y hacen el monitoreo del manglar son mujeres y está también un proyecto en Lagunas de Chacahua, donde las dos coordinadoras son doña Siri y doña Carla”.
Te puede interesar: La Marina inicia fase II de ampliación del Puerto de Veracruz; organizaciones alertan graves afectaciones al arrecife La Gallega

Además de la siembra, las mujeres participan en el monitoreo, la vigilancia y la organización de los trabajos de restauración. Los intercambios entre colectivos han permitido compartir experiencias sobre técnicas de restauración, organización comunitaria, financiamiento y gestión de proyectos.
Costa Salvaje, con el apoyo de otras organizaciones, ha coordinado tres encuentros entre mujeres dedicadas a la restauración del manglar. “Y es así como Costa Salvaje con el apoyo de otras organizaciones ha coordinado tres, tres intercambios de experiencias de mujeres restauradoras del manglar”, dijo Tannia Frausto.
Los tres han sido en La Paz, Baja California Sur, y el primero unió a más o menos unas 20 mujeres de Sonora, Baja California Sur y Yucatán. Ahí el primer logro fue visibilizar el rol de estas mujeres no solo como restauradoras, sino realmente como defensoras del territorio y como defensoras de los medios de vida.
“En el segundo intercambio que fue un poco más técnico, se logró que se intercambiaran experiencias, o sea, literal de cómo se organizan los grupos, de cuáles son sus retos, de cuál es la mejor forma de darse de alta en Hacienda, porque todo eso cuenta cuando uno está trabajando con comunidades, ¿no? Y en el tercer intercambio que estuvo igual, lo hicimos de la mano de JASS, fue una experiencia de vida también para muchas de ellas”.
“Era la primera vez que volaban, era la primera vez que salían de su estado, de su casa, entonces lograr hacer todo este intercambio también fue el primer acercamiento a hacer un análisis de por qué son más vulnerables”, cuentan.
Investigaciones: Megaproyectos de energía y la expansión turística acorralan Cozumel

A partir de esos intercambios, Frausto habló de la posibilidad de articular los esfuerzos de las restauradoras. “Todos tenemos un poder, pero si ese poder se va sumando, ya hacemos un poder colectivo y ese poder colectivo es el que puede defender territorios, el que puede cambiar leyes, el que puede lograr financiamientos que antes no se podían. Y es así como nosotros estamos impulsando la creación de una red de mujeres restauradoras para México y sabemos que hay esfuerzos para hacer lo mismo a nivel de Latinoamérica”.
Las experiencias fueron compartidas durante una actividad de México por el Clima en el escenario Espejos de Agua. La presentación reunió los casos de mujeres que trabajan en la conservación y restauración de manglares junto con comunidades costeras.
Al cierre de la presentación, Tussie Berdichevsky leyó un manifiesto elaborado a partir de los intercambios entre mujeres restauradoras y defensoras del manglar. La organización señaló que el texto recoge las voces de las participantes.
A continuación reproducimos el manifiesto:
La Voz de las Mujeres que Cuidamos y Defendemos el Manglar Nosotras somos mujeres del mar, del manglar, del río y de la costa. Somos pescadoras, restauradoras, sembradoras, cuidadoras, madres, hijas, hermanas, abuelas y compañeras. Venimos de Oaxaca, Baja California Sur, Campeche, Sonora, Yucatán y de muchos otros lugares donde la vida depende del mar y de la tierra.
Nosotras cuidamos la vida, la comunidad y la naturaleza. Como mujeres, nuestro vínculo con el manglar es ancestral, profundo y cotidiano. El manglar es parte de nuestra historia, de nuestra comunidad y de nuestra forma de vida.
Aunque muchas veces nuestro trabajo no ha sido reconocido, a partir de ahora nos nombramos con fuerza como defensoras del manglar. Defender el manglar también es resistencia. Hoy reconocemos que cuidar, alimentar, sostener y restaurar también es defender el territorio.
Afirmamos que no hay justicia ambiental sin justicia social y de género. No se puede proteger la naturaleza mientras se sostienen las desigualdades.
Nos damos cuenta de que estamos llenas de experiencias, conocimiento y saberes. El conocimiento vive tanto en la experiencia comunitaria como en el conocimiento técnico. Aprendemos unas de otras y seguimos construyendo nuevos caminos juntas.
Reconocemos que la memoria es nuestra raíz y que el futuro se construye en colectivo. Sin memoria no hay defensa y sin un futuro compartido no hay esperanza.
Creemos en las nuevas generaciones. Queremos que las infancias y juventudes se involucren en el cuidado del territorio y del manglar. Las juventudes son acción: llegan a traducir, amplificar y proyectar la lucha hacia el futuro.
Por eso queremos que tengan un futuro digno en sus territorios sin tener que migrar para sobrevivir.
Sabemos que las alianzas son importantes. Valoramos el acompañamiento de organizaciones, instituciones y personas aliadas, pero la voz y la decisión nos pertenecen a nosotras.
Exigimos relaciones transparentes, honestas, justas y respetuosas, sin imposiciones, extractivismo ni simulación. Entendemos que los conflictos forman parte del camino. Creemos que cuando los enfrentamos con honestidad y respeto pueden fortalecer nuestra organización y ayudarnos a crecer.
La esperanza también es una forma de resistencia. A pesar del despojo, la violencia, el miedo, el cansancio y el abandono, seguimos imaginando y construyendo un futuro distinto para nuestras comunidades.
Aquí nos vemos reflejadas unas en otras. Reconocemos historias distintas, pero también dolores compartidos, miedos que creíamos propios y que hoy entendemos como colectivos.
En ese reconocernos encontramos fuerza, porque no solo compartimos luchas, compartimos esperanzas, dudas, aprendizajes y caminos. No estamos solas. Nuestra fuerza está en la organización, en la red y en el acompañamiento entre mujeres.
Exigimos que el trabajo de cuidado deje de ser invisible. Queremos que nuestro trabajo que sostiene la vida en nuestras comunidades sea valorado, reconocido, compartido y respaldado con acciones, recursos y respeto real.
Exigimos el respeto a nuestros territorios: que se detenga el despojo, la privatización y la destrucción de los manglares. Que no se tomen decisiones sobre nuestras tierras sin nosotras.
Nada sobre nuestros territorios sin nuestras voces y nada sobre los manglares sin quienes los cuidamos. Exigimos procesos claros, accesibles y dignos para obtener permisos, apoyos y proyectos comunitarios.
No más obstáculos para quienes cuidamos la vida. Exigimos el apoyo de las autoridades para facilitar la conservación de los manglares y pasar de la burocracia a la acción.
Queremos acceso a herramientas, formación y recursos para fortalecer nuestro trabajo. Queremos defender nuestros territorios sin miedo, sin violencia y sin despojo.
Nos comprometemos a cuidar el manglar, a sembrarlo, restaurarlo y defenderlo, a proteger sus raíces, sus aguas y sus ciclos.
Desde la colectividad nos comprometemos a seguir organizándonos y dialogando incluso en las diferencias.
Porque somos red que nos sostenemos entre nosotras y sostenemos la vida con dignidad, respeto y fuerza colectiva.


Comentarios (0)