Debajo de la tierra del jardín Ramón Lopez Velarde en la Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México, existen miles de organismos casi invisibles que sostienen la vida de las plantas, los árboles y el ecosistema del que forman parte.
“Es un universo de organismos. Muchísimos tipos de abejas, moscas, polillas, hormigas, las lombrices, bacterias, hongos, todo lo que hay debajo del suelo, que nosotros no percibimos, pero es un universo de organismos”, dice la bióloga Ivonne Olalde Omaña, quien trabaja en el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, en el área de colecciones.
En la superficie, esa vida puede aparecer en forma de una mariposa que cruza entre los arbustos. Un ave que se detiene en las ramas. Las ardillas y roedores que recorren el jardín. Bajo el suelo, la red se extiende entre raíces, hongos, bacterias, insectos y otros organismos. Es precisamente ese ecosistema el que está detrás de un amparo que promovieron vecinos de la colonia Roma Sur para protegerlo, después de décadas de abandono.
El Jardín Ramón López Velarde tiene una condición jurídica específica: está reconocido como Área de Valor Ambiental (AVA) con categoría de Bosque Urbano. El decreto publicado en 2024 estableció obligaciones para el Gobierno de la Ciudad y la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA) relacionadas con su manejo, entre ellas la elaboración de un Programa de Manejo, la definición de normas y criterios para las actividades que se realizan en el espacio y la creación de un Consejo Rector Ciudadano.
El incumplimiento de las obligaciones establecidas para enero de 2025 dieron paso a un proceso judicial promovido por vecinos de la colonia Roma Sur. En específico, integrantes del Comité Pro Defensa del Parque Ramón López Velarde, con apoyo del Colectivo Claudia Cortés, quienes presentaron un juicio de amparo. El asunto llegó al Décimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito, bajo el expediente Amparo en Revisión 933/2025.
El tribunal emitió una resolución favorable para los vecinos el 28 de mayo de 2026, seguida de una aclaración el 6 de agosto. La sentencia ordena a la Jefatura de Gobierno a emitir el acuerdo para crear el Consejo y a la titular de la SEDEMA a publicar el Programa de Manejo y establecer las normas y criterios para las actividades que se realicen dentro del Área de Valor Ambiental.
Leticia Hernández es una de las vecinas que participa en la defensa del jardín. “Me llamo Leticia Hernández, soy vecina de la colonia Roma Sur desde hace 60 años prácticamente y estoy aquí porque conozco el parque desde que era niña. Cuando dejé de ser asalariada, decidí venir para apoyar más al parque. Yo estoy todos los días, aunque en tiempos y horarios diferentes. El mayor tiempo que le puedo dedicar son tres horas diarias y el mínimo son 20 minutos. Y es todos los días”.
Ella explica que el consejo debe integrarse por ciudadanos que “conocen el espacio y que identifican las problemáticas, y que en equipo con la autoridad se den reglas de convivencia dentro del espacio”.
Leticia quiere formar parte de ese consejo y conservar para el futuro la memoria que ha reunido durante sus años en el jardín. “Voy a solicitar que me consideren por la experiencia que tengo y el acervo histórico, para poderlo transmitir a los sucesivos y dejarles un historial del parque y que pueda empezar con buenas bases”.
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La memoria del jardín
Es la mañana del 26 de agosto de 2026. Leticia está en uno de los montículos del jardín, rodeada de plantas, arbustos y flores en tonos rojos y morados. Mientras poda un arbusto que ella misma sembró, recuerda que después del terremoto de 1985 ese lugar estaba cubierto de piedras y materiales. Con los años comenzó a transformarlo y a convertirse en un lugar con vegetación.
Leticia observa una mariposa que comienza a rodearla. Metros más adelante muestra manchas en las paredes, rastros de que este jardín ha sido usado como baño público. El abandono es evidente.
Al bajar del montículo, un joven en situación de calle se acerca a un árbol para orinar. Leticia se aproxima y le pide que no lo haga. Le explica que la concentración puede afectar al árbol, porque contiene una cantidad muy alta de nitrógeno, urea y sales, lo que "quema" los tejidos y daña el suelo si se acumula.
Para ella, cuidar el jardín también consiste en intervenir en esas situaciones cotidianas. Su recorrido incluye observar árboles y plantas, identificar cambios, atender la vegetación y hablar con las personas que utilizan el espacio. Durante esos años también ha construido un registro propio de las transformaciones del lugar: los árboles, las aves, la vegetación, los caminos, el sistema de riego y las modificaciones realizadas en distintas zonas. “En 2010 el censo era de 3 mil 267 árboles”.
La señora Leticia conserva recuerdos de los cambios en la vegetación y en la fauna. Menciona que antes de la construcción del Metrobús había árboles a lo largo de la avenida Cuauhtémoc: “Era una zona arbolada, había distancias aproximadas, digamos, de 50 metros había un árbol, y eran árboles grandísimos porque eran árboles espontáneos. Cuando hicieron la obra del Metrobús los quitaron todos, los talaron”.
También recuerda aves que dejaron de aparecer con la misma frecuencia. “Venía mucho el vencejo, llegaban viandas de golondrinas en los alrededores, actualmente ya no hay”. Entre las aves que forman parte de los registros que Hernández ha acumulado durante sus recorridos está el carpintero. “Porque sin el carpintero pues se emplagan los árboles, porque él es el que los limpia, sobre todo”.
Su preocupación se extiende al manejo cotidiano del suelo. Uno de los problemas que identifica es el barrido de las áreas verdes y la manera en que se realizan las podas. “No se deben barrer las áreas verdes porque eso es lo que forma el suelo, y aquí continuamente están retirando. La cuestión de la poda, esta debe de ser adecuada”.
Para Leticia, el estado del suelo está relacionado con la capacidad de los árboles para enfrentar plagas y condiciones de estrés. “El primer paso para atender la cuestión de las plagas, de descortésador y barrenador, es atender el suelo. Si el suelo está atendido, el árbol tiene sus mecanismos de defensa, pero si no tiene riego, si no tiene hojarasca, si continuamente es estresado, pues está debilitado, no se puede defender”.
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Una red conectada entre puntos de vegetación
La vida del parque comienza mucho antes de lo que alcanza a percibir una persona que simplemente lo atraviesa.
Ivonne Olalde, quien se ha dedicado al manejo de arbolado urbano y a la propagación de plantas nativas, plantea que cada área verde puede cumplir una función dentro de una red mayor de espacios naturales.
“Estos espacios verdes, cuando son bien planeados, funcionan como una red como si fuera una infraestructura”. Y señala la importancia de mantener conexiones entre los distintos puntos de vegetación de la ciudad. “Un jardín que sí tiene planta nativa me ayuda a que de las áreas naturales que todavía se conservan, alrededor de la ciudad, pudieran infiltrar tanto la vegetación como todos los organismos asociados hacia la ciudad”.
Explica que la composición de la vegetación determina también qué otras formas de vida pueden establecerse alrededor de ella. “Si yo tengo un jardín con especies exóticas, o sea, que no son de la zona, rompo la cadena de los insectos y lombrices, y bacterias y hongos, y todos los organismos que se asocian con las plantas”.
En el Ramón López Velarde esa red se encuentra en un espacio rodeado por infraestructura urbana, viviendas, tránsito vehicular y una intensa circulación de personas. Para Olarte, cada fragmento de vegetación puede adquirir una función dentro de esa infraestructura verde. “Cada pedacito del parque podría tener un objetivo diferente y requiere un manejo diferente y todo esto necesita planeación”.

El Jardín Ramón López Velarde forma parte de una red más amplia de áreas verdes de la Ciudad de México. De acuerdo con el Inventario de Áreas Verdes Urbanas de la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA), la ciudad cuenta con 11 mil 739 registros de áreas verdes, que en conjunto abarcan aproximadamente 6 mil 731 hectáreas. Entre ellos se contabilizan mil 441 parques, con una superficie conjunta cercana a mil 118 hectáreas, según el inventario de 2017. El Ramón López Velarde tiene una extensión de 74 mil 825.9 metros cuadrados, equivalente a 7.48 hectáreas.
En la alcaldía Cuauhtémoc, el inventario identificó 47 parques que en conjunto ocupaban 25.6 hectáreas. El Jardín Ramón López Velarde concentra por sí solo cerca del 30 % de esa superficie. Por su extensión, se encuentra entre los espacios verdes de mayor tamaño de la demarcación.
La base de datos de SEDEMA también registra otros tipos de espacios: 163 plazas, 147 jardines públicos, 75 arboledas y nueve alamedas. En las categorías de protección aparecen 26 registros de Áreas Naturales Protegidas y cinco de Áreas de Valor Ambiental. Estas últimas categorías tienen un tratamiento distinto dentro del inventario y sus superficies no forman parte del cálculo total de áreas verdes urbanas.
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Años de resistencia a la depredación inmobiliaria
La historia de cuidados para conservar el jardín comienza antes de la configuración actual de la colonia. Hernández relaciona el jardín con la presencia de ahuehuetes asociada al antiguo paisaje lacustre. “Huehuetlán" significa inmensidad de ahuehuetes, o sea, había muchísimo ahuehuetes porque eran todavía reminiscencias del lago. Entonces, nacían espontáneamente. Aquí en este parque hay árboles de esa característica que no fueron plantados por el ser humano”.
Entre los ejemplares que identifica hay un ahuehuete. “Ese que está allí enfrente es un ahuehuete, inclusive forma parte del patrimonio de la ciudad. Y tiene un hermano acá de este lado que es un poco más joven”. La memoria también incluye especies que han desaparecido del jardín. “Había seis ahuejotes, ya nada más quedaba uno hace seis años”. El número de árboles quedó registrado en un censo realizado en 2010 por la entonces delegación Cuauhtémoc”.
Para Olalde Omaña la importancia de las áreas verdes está relacionada con la proporción que ocupan dentro de las ciudades. “Como son superficies pequeñas en comparación con lo que está cubierto con cemento o ya urbanizado, es muy importante porque estos pequeños puntos nos dan muchos servicios ecosistémicos”, dice y enumera algunos de esos servicios: “La infiltración de agua, que sombrean, liberan oxígeno, capturan dióxido de carbono”.
Así, la ubicación del jardín incrementa el valor de conservar una superficie vegetal. “El parque López Velarde está alrededor de una unidad habitacional, el hospital siglo XXI, además de que hay una alta concentración de vehículos en esa zona, y mucho tránsito de personas por el hospital. Entonces, este pequeño manchón verde, es de gran importancia”.
El jardín cuenta con una red de riego subterránea que Hernández considera una infraestructura relevante para mantener la vegetación. “Hay una instalación importantísima de sistema de riego que es subterráneo”. Según su relato, la red comienza en la zona de Magdalena Mixhuca y el López Velarde se encuentra al final del recorrido. “El último lugar es el parque. Entonces ya nos llega muy poquito. Y además se argumenta que tiene fugas”. La reparación de esa infraestructura forma parte de las necesidades que identifica para el jardín.
“Eso se tiene que revisar porque es muy valioso este sistema de red debido a que abarca todo el parque, pero se requiere un presupuesto importante para atenderla”, dice.
Otra parte de la memoria de Hernández corresponde a la superficie que dejó de formar parte del parque durante los años 90. “Son más de dos hectáreas las que ocuparon. Y era el área infantil, era un área de juego de niños donde estaban los árboles más antiguos”. Los caminos también han cambiado de materiales. “Este camino era de tezontle granulado, la base era tepetate y arriba tezontle granulado y les pareció que era mejor poner esto”. Hernández considera que el material actual modifica las condiciones del suelo. “De ninguna manera se asemeja a lo que es el suelo natural”.
El uso cotidiano incluye la presencia de perros. Hernández calcula miles de visitas caninas por semana. Esta cifra corresponde a su estimación y no a un conteo oficial localizado en los registros públicos consultados. “El problema es el desorden que se ha generado con ellos, no por ellos en sí, sino por los dueños”.
La regulación del uso del espacio forma parte de su propuesta. “El parque es público desde luego como cualquier otra área verde, pero público significa gratuidad, debe de haber orden para preservar los espacios”, señala. “Yo me aboqué a recuperarlo”, explica.
Durante su jornada ninguna clase de autoridad se asoma. Antes de irse, Leticia observa los arbustos que plantó, revisa los árboles y continúa su recorrido por el jardín. Al día siguiente hará lo mismo. Su relación con el Ramón López Velarde se ha construido así, caminando el mismo espacio durante años y acumulando recuerdos sobre sus árboles, sus aves, sus plantas y sus transformaciones.
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